BAFICI 2013: Paradise Love y Hope

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Concebido como un solo film, la consistencia de cada una de sus historias dio paso al desmembramiento, de manera que los personajes femeninos (Teresa, la madre, Anna María su hermana, y Melanie, su hija) se quedaron con un film cada una. Quien escribe ha visto dos de las tres películas.

LOVE nos retrata a la madre, Teresa, cuidadora de un juego de autitos chocadores en un parque de diversiones en el que se divierten personas con capacidades diferentes, quien antes de despedir a su hija Melanie que se irá a un internado de obesos (tema de la película HOPE) parte de vacaciones con destino a Kenia, a un confortable resort en el que la oferta sexual domina la situación. Las fantasías sexuales de las turistas maduras pronto se transforman en ansiada realidad brindando el director un desprejuiciado retrato sobre la aceptación de los cuerpos en medio de tanta cultura hedonista.

Y como esta no es una película complaciente, el paraíso buscado por la protagonista, el del amor, no es precisamente el lugar geográfico elegido ya que aquí se comercializa sexo seco, sin prolegómenos si es posible, y con alguna retribución económica disfrazada de ayuda humanitaria.

El juego del poder y la sumisión aparecen dialécticamente expuestos en ambos ya que las mujeres cosifican aquí a los hombres por los que pagan y esto les permite sentir que se adueñan de sus cuerpos mientras que los hombres más sutilmente  someten a las mujeres a un juego de seducción con un pretendido amor de carnada que les servirá para apropiarse de sus almas. Ambos se necesitan tristemente.

La búsqueda de Teresa se renueva en cada nuevo hombre, en cada nuevo cuerpo, a quien intenta enseñar la técnica del deseo, sin lograrlo. Su insatisfacción crece a medida que bucea más en la situación y se compromete más corporalmente. Su camino no tendrá meta.

Seidl nos regala este muestrario de seres desesperados y solos en la búsqueda del verdadero amor.

PARADISE: HOPE

Esta historia sigue a Melanie, la hija de Teresa en sus desventuras por un internado para obesos para quienes la privación supone ausencia de estímulos. Como si no significara bastante llevar a cuestas los fofos cuerpos, los directores de esta experiencia utilizan todo tipo de prohibición y persecución para con las comidas, los bailes, las risas compartidas de cuarto, los juegos eróticos.

Sólo queda lugar para las fantasías, y es hacia allí donde se encamina nuestra protagonista al enamorarse del médico del lugar, a quien visita todos los días al consultorio, se hace revisar por él, y aguarda algún gesto de este profesional que le confirme su deseo.

De cierta forma, Melanie a otra edad y momento vital, se encuentra vivenciando lo mismo que su madre Teresa en Kenia con sus mismas (des)esperanzas y con el intenso deseo de algún cambio.

El paraíso de Melanie se encuentra lejos en algún rincón inhallable, al igual que el de su progenitora.

La mirada ácida y nada complaciente de este arriesgado director austríaco nos conecta con un medio ambiente hostil y desangelado en el que el amor pareciera no tener cabida y la esperanza es materia de leyenda.