BAFICI 2013: Acá dentro

0
10

Divide las opiniones de los espectadores un film que es casi un monólogo

 

Con la intención de cubrir lo más completamente posible la Competencia Oficial Internacional del BAFICI se vio “Acá dentro”, tercera y última película nacional (“Leones” y “Viola” ya fueron comentadas).

 Se trata de la ópera prima de Mateo Bendesky, formado en la Universidad del Cine, que como el grueso de las obras de la presente Sección Internacional no superan los noventa minutos. Duración no es sinónimo de calidad y como prueba basta el hecho de que la mayoría de los tanques norteamericanos, muchos repetitivos hasta el hartazgo, superan holgadamente las dos horas.

 Claro que sesenta y tres minutos (además de tres minutos finales de títulos), duración neta de “Acá dentro”, deberían pasar muy rápido para el espectador. Pero ése no es el caso lo que puede significar, al menos,  dos cosas. O bien la densidad del contenido es suficientemente rica como para que se sienta que hay mucho más de lo que normalmente se puede abarcar en apenas una hora. O también que, como se  suele afirmar al salir de ver un film, se piense o diga, “se me hizo algo larga”.

No por no querer jugarse puede afirmarse que hay parte de ambas instancias,  lo que está llevando a que la crítica y la opinión de los espectadores se polaricen al juzgarla.

 El personaje casi excluyente de la película es David (Iair Said), a quien vemos al inicio en el que parece ser su sitio preferido: su cama. Hace calor, lo que parece servirle como excusa para no hacer mayormente nada. O sea ni escribir (un guión cinematográfico), ni cocinar y dejar que el agua fluya durante varios minutos antes de ducharse. Como él mismo afirma antes de tomar la resolución de bañarse, en un largo monólogo que sólo se quiebra al promediar tres cuartas partes del film, “han corrido cien litros de agua caliente o sea el equivalente de cincuenta botellas de agua mineral”. Este tipo de reflexiones, algunas ingeniosas y otras pueriles como las imágenes de Nueva York y Paris que le evocan comer un “hot dog” se alternan pero a la larga pueden fatigar al espectador más exigente.

 Recién en los minutos finales, cuando David sale de su departamento la monotonía de imágenes y diálogos se quiebra. Por un lado está una de las cuestiones que lo desvela, recuperar a Martina (Katia Szechtman), su novia. Por la otra tener que visitar a su terapeuta y el temor de que se produzca un gran silencio entre ambos durante la sesión. De hecho el tema del psicoanálisis, con chistes que él mismo reconoce son de mal gusto como uno que pregunta cuantos de ellos se necesitan para cambiar una lamparita, está presente a lo largo de gran parte del metraje y hablan de la neurosis del personaje.

Pese a los reparos anteriores esos últimos minutos tienen algunos momentos logrados. Quizás el mejor sea el encuentro en la calle con alguien a quien saluda sin reconocer. La imagen va recorriendo entonces diversos rostros y lugares posibles (colegio, taller, productora, etc) para tratar de saber quien es esa persona. Y hacia el final otra escena en la inauguración de una muestra pictórica es reveladora de la angustia del personaje.

 Como se afirmaba anteriormente “Acá dentro” divide las opiniones, pero un dato significativo es que figura entre las que obtienen alto puntaje según el “voto del público” que aparece en el boletín diario del BAFICI.


Próxima función:

Sábado  20  17:50   Arte Multiplex Belgrano 3