Viola

3
13

La ambigüedad de la palabra.

Viola es el nombre de una joven que reparte DVDs en bicicleta por toda la ciudad de Buenos Aires, los que su novio -con quien vive- baja de Internet. Esa es su forma de subsistencia. Un día se encuentra con un grupo de actrices de teatro que están trabajando sobre un recorte de varias obras de Shakespeare, y establece un vínculo, por lo que le ofrecen participar de la obra, ya que tiene la posibilidad de recordar de memoria algunos diálogos.

Lo que comienza como una especie de road movie por toda la Capital y sus alrededores avanza hacia un terreno pleno de mujeres, donde de hecho podemos ver y sentir ese universo su forma de percibir el mundo, tanto en el trabajo de la repetición de las escenas, como fuera de ellas. Viola es Agustina Muñoz y María Villar al mismo tiempo son como dos fuerzas que abordan de diferente modo, el amor y los sentimientos.

No obstante Viola sigue las reglas que sus amigas plantean como comprobación del amor o la costumbre. De algún modo su director le ha rendido no sólo un renovado homenaje a Shakespeare, para dar cuenta de la ambigüedad de las relaciones, sino del lenguaje, de la palabra, y del dinamismo de las relaciones humanas , donde casi siempre nada es igual a lo que parece.

Un film del que se sale feliz de saber que se ha visto buen cine, con personajes frescos, directos, que da cuenta a su vez de cómo la gente joven debe ganarse la vida, aunque se estudie psicología o se ame el teatro, o se desee tener una banda de música, hay que hacer otras cosas para poder vivir. Pero Viola sabe que la verdadera inteligencia está en saber hacer las cosas, que podrían no gustarnos, como si nos gustasen. Porque de ese modo al ser más flexibles, tendremos seguramente capacidad para ser más felices.