BAFICI 2013: Hanna Arendt

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Una personalidad potente en manos de una directora potente.

Resulta difícil imaginar a una Hanna Arendt en la piel de otra actriz que no sea la feroz y dúctil Bárbara Sukowa. Actriz y directora han venido recorriendo juntas un largo camino y esta nueva producción viene a revalidar una vez más esta soberbia conjunción de talentos.

El film arranca con el secuestro de Eichmann en Argentina y su posterior juicio en Israel. Hacia allí viaja nuestra protagonista con el fin de cubrir dichas instancias para The New Yorker.

Lo que surge como consecuencia de esta corresponsalía ha sido la más maravillosa, combativa y lúcida observación filosófica sobre el mal que fue plasmada en una cantidad de artículos que levantaron una gran polvareda en los Estados Unidos en su momento y continúan hoy suscitando un sinfín de críticas. Von Trotta borda esta circunstancia histórica a base de puro talento y sostenida por esta enfática y seductora presencia cinematográfica de Sukowa.

A Arendt hay que agradecerle que haya sacudido los cimientos del estereotipo del pensamiento filosófico en torno al nazismo y su incidencia en el mundo y la red social que hizo posible su expansión y a Von Trotta hay que agradecerle que lo haya filmado.