Criatura de dios

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Gran trabajo de la dupla Levin- Angelelli que nos demuestra una vez más que el clown es mucho más que hacer estallar la risa.

Criatura de dios no despierta risas fáciles. Nadie puede reír al toque, apenas ve a ese ser, de estilo entre dark y gótico, sacudirse compulsivamente por las descargas eléctricas que recibe su cuerpo, porque reír a veces es pensar y pensar necesita otro tiempo de adaptación a los códigos propuestos, al registro vigente en la representación. Al principio todo resulta demasiado oscuro y siniestro: En un laboratorio, una criatura acostada en una camilla intenta librarse de sus ataduras. Grita, gime, se retuerce. Cuando lo logra comienza a mirar a su alrededor extrañado, como si fuese la primera vez (quizás siempre es la primera vez) y aún más: manzana en la boca de por medio, como si fuese el primer hombre.  No recuerda nada, ni a sí mismo. El mundo comienza para él.

Sin embargo, hay restos de voces ancestrales que se manifiestan en cada descubrimiento. Todo lo ya dicho vuelve a presentarse en su cuerpo pero no es el lenguaje el que realiza las acciones, sino más bien el cuerpo. El cuerpo habla y dice lo que sabe decir casi como un deber, como una necesidad. “Pará, pará, pará” se sorprende articulando la criatura cuando mueve las palmas de sus manos hacia adelante. Con los movimientos llegan las primeras risas.

Lejos de la naturaleza, como metáfora de esta era,  el personaje se choca con la tecnología. Parece reconocer en ciertos dispositivos técnicos a “má” y a “pá” y juega con ellos para intentar reconocerse a sí mismo. Pero la verdadera revelación se produce en el contacto con los otros. Cuando el público aparece en la perspectiva, la obra cambia, tiende más a la alegría, al deseo de relacionarse, mostrarse, amar. Se torna desopilante, risueña, divertida.

Más allá de la bestia que aúlla, de las máquinas que condicionan la existencia, la pieza muestra un inevitable retorno a lo humano, como el eco de una canción que regresa desde lejos, como el eterno resplandor de una mente primitiva que resiste, que nos lleva de vuelta a lo que verdaderamente somos.

Gran trabajo  de la dupla Levin- Angelelli que nos demuestra una vez más que el clown es mucho más que hacer estallar la risa. Es reconocer la fragilidad humana y llevarla a un punto extremo, es develar alguna idea desde la sensibilidad y la inteligencia. Es hacer pensar, provocar, disuadir y también dejarnos con ganas de más.