BAFICI 2013: Outrage Beyond

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Función repleta para la presentación en BAFICI de la secuela de Outrage, que Takeshi Kitano hace en 2010.

Cualquier comentario crítico de las películas de uno de los maestros del cine contemporáneo siempre va a ser un desafío. Kitano es como la marca de su productora: una constante a la que es bueno volver. Divierte a Oriente, fascina a Occidente. Gélido, irónico, con un andar que carga ya sus años, el Kitano de esta historia de mafiosos japoneses juega con una articulación de diálogos densos que devela las estrategias del poder en medio de las luchas de los clanes. Los Sanno por un lado, los Hannabishi por el otro se disputan la división de “territorios de la Yakuza”. Unos en Tokyo, los otros en Osaka. A los Sanno los conduce Kato, un ejecutivo que asume el poder tras el asesinato de su predecesor. No se entiende muy bien la diferencia entre un guardaespaldas “premiado” por su silencio y otro, asesinado por la misma causa. La mafia en todo caso se maneja con arbitrariedades y a las estrategias de la intriga “palaciega” de tintes shakespereanos (bien representado por el policía trepador Kataoka) le sucede una matanza indiscriminada en la segunda parte de la película por asumir la jefatura.

Siempre es un placer disfrutar del cine de Kitano. En particular en esta explosión de violencia estetizada (atencion: no se ven tripas volando o cráneos incrustados en las paredes). Las ráfagas de balas dejan normalmente fuera de campo el objeto que sugieren destrozado. La escena de las bolas de béisbol torturando a Ishihara despierta risas en la platea. Tampoco está aquella ternura del rayo de luz que iluminaba la muerte de Asuma en la escena última, y vital, de Violent Cop. Reemplazada aquí por un aire glacial de una violencia desatada sin explicación. Otomo (Kitano) es el que guarda los secretos de los códigos yakuza, los demás son piezas de un juego de precisión donde, de vez en cuando hace falta alguna “limpieza”. Aun los tonos de la visualidad de la película, negros y grises sin estallido de color (solamente Otomo lleva cuando sale de la cárcel un traje blanco) giran en torno a esos énfasis de frialdad y hasta de mesura.

Aca el trailer:

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