Papeles inesperados, Julio Cortázar

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Papeles inesperados es, según el coeditor del libro, el catatán Carles Álvarez Garriga, un hecho festivo, especialmente para aquellos lectores fanáticos de Cortázar. Esto es absolutamente cierto. Si bien empezamos la lectura con cierto recelo (siempre nos generan un poco de desconfianza los textos encontrados en un mueble o por casualidad), a medida que avanzamos, como señala el propio Garriga en el prólogo, asistimos “al prodigioso acontecimiento de la formación de un gran escritor y a su posterior desarrollo”.

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Antes de leer el libro, conviene empezar por el prólogo por varias razones: están los argumentos que justifican la organización del material y su publicación, además de la explicación sobre el origen de los textos. “Tengo unos papelitos de Julio que quiero mostrarte”, le dijo Aurora Bernárdez –esposa del escritor– a Garriga, y entonces empezó a tomar cuerpo la idea de ordenarlos y publicarlos. El testamento de Cortázar atribuye a Bernárdez de un modo claro la potestad de decidir qué hacer con los escritos, por lo tanto, en apariencia, no deberíamos pensar que el autor no hubiera querido darlos a conocer.

En una de las tantas entrevistas que el crítico catalán dio a raíz de la aparición de Papeles inesperados, nos aclara que los textos que el escritor argentino no quiso publicar los quemó todos, por ejemplo, su primera novela infantil Las nubes y el arquero, y otra novela juvenil que era un soliloquio de 500 páginas.

El conjunto de textos que sí se editan en este volumen es muy heterogéneo: textos que Cortázar no publicó de los cronopios, del Libro de Manuel, de Un tal Lucas; hay poemas inéditos, textos inclasificables, autoentrevistas, entrevistas; un proyecto de libro que hizo para el poeta José-Miguel Ullán; artículos sobre literatura, política y viajes; textos sobre los amigos y para ellos (José Lezama, Ángel Rama, Susana Rinaldi, entre otros). Todos están organizados en Prosas y Poemas, en un orden que tiene que ver más con lo temático o con lo genérico, que con lo estrictamente cronológico.

En cada página, asoma el Cortázar de los cuentos fantásticos, el comprometido con la realidad latinoamericana, el dueño de un humor muy particular, el cronista de su época, el de los experimentos con el lenguaje, el gran lector y el genial escritor.

Para aquellos que leyeron algunos libros del autor, son fácilmente reconocibles las relaciones con sus cuentos más famosos como “Usted se tendió a tu lado”, “Las babas del diablo”, “La noche boca arriba”, “Los venenos”, “Continuidad de los parques” o “Carta a una señorita en París” –por mencionar algunos–, a través del trabajo con los narradores y el punto de vista; de la persistencia de algunos temas como la alternancia entre el sueño y la vigilia, la infancia como lugar de dolor y aprendizaje, el relato dentro del relato, y de la presencia de ciertos símbolos. Otros cuentos nos remiten a las conocidas instrucciones o a las animizaciones de objetos que se transforman en protagonistas absolutos.

La mezcla de niveles de lengua, los juegos con la palabra, el manejo intencional de la sintaxis y de los signos de puntuación (que, por ejemplo, nos recuerdan a cuentos como “Lucas, sus compras”), el recurso usado en Rayuela  (referido a los pensamientos de Oliveira) que encabeza con una “h” las palabras que empiezan con vocal y la polifonía son otros elementos que nos permiten asegurar que lo que estamos leyendo es auténticamente cortazariano.

“Ventanas a lo insólito”

Si el miedo me llenó de infelicidad en la niñez, multiplicó en cambio las posibilidades de mi imaginación y me llevó a exorcizarlo a través de la palabra; contra mi propio miedo inventé el miedo para otros…

Por supuesto, en Papeles inesperados no falta la mención a lo fantástico. Si bien el escritor hace alusión a los ensayos en los que abordó este tema, hay interesantísimas reflexiones en este volumen. En principio, Cortázar nos lleva a su infancia y allí coloca el origen de sus miedos que después fue escribiendo bajo la forma de cuentos fantásticos. La lectura clandestina de Poe, los personajes del folklore argentino como el lobizón, la literatura de la catalepsia y del sonambulismo, el gólem, los dobles, los autómatas homicidas, el monstruo hijo de Frankenstein, y Cesare, la horrenda criatura de Caligari, pueblan su infancia no con fantasmas con sábanas blancas, sino con eso que la literatura anglosajona llama the thing: “lo que no tiene imagen ni definición precisa, roce furtivo en el pelo, mano helada en el cuello, risa apenas perceptible al otro lado de una puerta entornada”.

“Ventanas a lo insólito” es el título de un relato en el que la fotografía es el punto de partida para una reflexión sobre lo excepcional en lo cotidiano porque al igual que la literatura y el amor, todas son “zonas de elección de lo excepcional y lo privilegiado”. Expresión acabada de la irrupción de lo insólito son las fotografías tomadas con las cámaras Polaroid en las que las imágenes van cobrando forma frente a los ojos del propio espectador. La mención a “Las babas del diablo” se hace obligada, así como la de Blow up, la versión cinematográfica dirigida por Michelangelo Antonioni.

La creación y el compromiso

La creación es aventura, es descubrimiento. El creador es el que se adelanta. ¿Cómo podría enriquecer el mundo si su obra estuviera condicionada por la necesidad de ser inmediatamente comprendida, asimilada, aprovechada?

…mucho de lo que defiendo y que otros creen quimérico, está ahí, en un horizonte de tiempo futuro, y que otros ojos lo verán también un día.

Papeles inesperados, como dijimos, contiene numerosas entrevistas que nos dan la imagen que Cortázar tiene sobre la literatura en general y sobre la suya en particular. Considera que muchos argentinos lo sienten próximo precisamente porque pertenece a varios lados, aunque como exiliado no se considera ni mártir, ni prófugo ni traidor. No le interesa la literatura con mayúsculas ni el futuro de la novela porque lo importante es el futuro del hombre: para lo único que sirve la literatura es para ser un bien común. La finalidad del escritor es buscarse y encontrarse en “ese combate con la palabra que después dará el objeto llamado libro”, que como producto se asemeja a un arma estética o política.

También reflexiona sobre la literatura latinoamericana, concepto equívoco porque no hay un esfuerzo conjunto y coherente, y su relación con lo autóctono que no es más que “escribir una obra que el pueblo al que pertenece el autor reconozca, elija, acepte como suya, aunque en sus páginas no siempre se hable de ese pueblo ni de sus tradiciones”.

Hay, asimismo, una enumeración que el autor argentino hace de sus influencias: Julio Verne, Alfred Jarry, Macedonio, Borges, Homero, Arlt, Garcilaso, Damon Runyon, Cocteau, Virginia Woolf, Keats Lautréamont, S.S. Van Dine, Pedro Salinas, Rimbaud, Ricardo Molinari, Poe, Lucio V. Mansilla, Mallarmé, Raymond Roussel, Hugo Wast y Charles Dickens. Estas lecturas llevan a Cortázar a encontrar su propio estilo que “se apoya en el humor para ir en busca del amor, entendiendo por este último la más extrema sed antropológica”. Como contrapartida, también hay una especulación sobre cómo influye Rayuela sobre otros escritores.

Siempre relacionadas con la propia escritura, hay abundantes referencias intertextuales a sus cuentos o sus novelas a través de personajes como Polanco y Calac de 62 Modelo para armar; de menciones a Rayuela y a cuentos en particular, y hasta hay un reproche a aquellos que “creen que todo viene de otra cosa o todo tiene una razón precisa de ser” y se lanzan a hacer interpretaciones extravagantes de sus cuentos, como aquel crítico francés que consideró que el nombre de la tribu de los motecas en “La noche boca arriba” se relacionaba con el hecho de que el protagonista andaba en moto.

En todo el libro, además, está Cortázar cronopio que viaja y comenta sobre los diferentes lugares, muestra su compromiso con el socialismo y su crítica al capitalismo, porque un cronopio es “contrapelo, contraluz, contranovela, contradanza, contratodo, contrabajo, contrafagote, contra y recontra cada día contra cada cosa que los demás aceptan y que tiene fuerza de ley”.

Hay que leer Papeles inesperados para reconocer la coherencia de un escritor, para disfrutar una vez más del estilo cortazariano y para sentir que el mismo Cortázar siempre tiene algo de inesperado. Quizás ahí radique lo que lo hace genial, irremplazable, único y tan absolutamente entrañable.

 

  • Mercedes

    Impecable!

  • Adriana

    Muchas gracias, Mercedes.