¡Llegó la música!

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La brillante obra de Alberto Ajaka nos acerca al mundo de una pequeña orquesta municipal para darnos una extremada visión de nuestra compleja urdimbre social. 

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¡Llegó la música! es una obra difícil de asir (escurridiza, desmesurada, absoluta) Todo lo que podamos decir en un sentido u otro derivará (sí, es eso precisamente: estar a la deriva) asimismo en otros nuevos sentidos disimiles y hasta contradictorios.  Es una inmensidad que se agiganta y se vuelve imposible, es un mundo que explota y sólo podemos reconstruirlo a partir de las partículas que nos quedan en la memoria después de dos horas de expectación (ambiciosa, kilométrica, hiperbólica).

Entonces, ¿Por dónde empezar a hablar de esta totalidad casi inabordable, de un macrocosmos atrapado en un instante (de dos horas de duración) que da cuenta a su vez de pequeños mundos (personales, públicos, artísticos, políticos, gremiales)? Por la trama quizás para no abandonar ciertos estándares tranquilizadores: En un teatro municipal en franca decadencia, una orquesta de cámara prepara una pieza del  compositor ruso Shostakóvich con la esperanza de conseguir una gira internacional, después de ser escuchados por un grupo de programadores extranjeros. Por lo menos eso es lo que les promete el funcionario a cargo del teatro (conocido socarronamente como “Cuarto polvo”). El cuadro lo completan un director designado a dedo, un solista argentino-alemán contratado para la ocasión y el vigilante del establecimiento que será el personaje pivote, conexión con el paso del tiempo, con lo popular y con el afuera amenazante (cuando el conflicto se desate). Los ensayos tienen lugar en medio del caos, refracciones a medio terminar, discusiones (por un asado, por billetes falsos, por celos profesionales, por la burocracia, el arte o por la cultura alta versus la desprestigiada cultura popular) y  problemas gremiales que amenazan con suspender la función. Pero, a pesar de todo, los músicos persisten en tocar, en la idea de hacer perdurar el gesto, más allá del ruido o del silencio.

Narcótica, corrosiva, polifónica. La clave de la obra está en los personajes, en los finos trazos con los que fueron construidos para que los espectadores completen cada dibujo y lo coloreen. Nos resultan inmediatamente reconocibles, sabemos cómo hacerlo porque todos ellos (los once personajes en escena) constituyen nuestra posible comedia humana, tan cargada de tragedia como nuestra idiosincrasia lo permite. Las voces que oímos a diario están ahí para apropiarse de todos los discursos, desde los más cotidianos hasta los más políticos, desde los más ingenuos a los más radicalizados o anarcos. Toda la urdimbre social es llevada al extremo hasta revelarla absurda y delirante.

Alegórica, poética, filosófica. ¡Llegó la música! se define desde la periferia: su tema es la cosa pública, en tiempos donde proliferan las dramaturgias intimistas; su lugar, una pequeña sala de Villa Crespo, más cercana a la venta de repuestos para autos que a las  grandes luminarias del circuito comercial. Y desde ahí se muestra como metáfora de la resistencia: “La cultura no existe. Lo único que existe es el gesto. Existe en el momento de existir para no existir más; el gesto es ahora o nunca.” La lucha es ahora y la banda seguirá tocando porque es necesario mantener el gesto hasta el final. No me diga que no le resulta conocido.

 

 FICHA TÉCNICA

Actúan:Leonel Elizondo, Sol Fernández López, Karina Frau, Luciano Kaczer, Gabriel Kogan, Julia Martínez Rubio, Andrés Rossi, Gabriela Saidón, Mariano Sayavedra, María Villar, Gabriel Zayat
Vestuario:Rodrigo González Garillo
Escenografía:Rodrigo González Garillo
Iluminación:Adrian Grimozzi
Edición de sonido:Jose Omar Ajaka
Musicalización:Alberto Ajaka, Martín Laurnagaray
Operación técnica:Alex Alan De La Cruz
Fotografía:Gaspar Kunis
Asesoramiento musical:Carmen Baliero
Asistencia de dirección:Georgina Hirsch
Autoría y dirección:Alberto Ajaka
Funciones: Sábados a las 22.30 hs en La Carpintería, Jean Juares 858, CABA.