UNCIPAR 2013: Día 2

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La última tanda de cortometrajes nacionales no tuvo tantos aciertos como la jornada previa, pero igualmente dejó muestras de la creatividad de nuestros cortometrajistas.

No es casual que los trabajos que dieron comienzo y cierre al segundo día de proyecciones hayan sido una mirada autocrítica y humorística sobre el momento de filmación de un film. Así es como en Ojos de Pablo González Pérez, un actor tiene la osadía de criticar el plano cerrado que el director está realizando sobre su rostro. La disputa por los egos no conoce límites… Algo similar sucede en En carne viva de Federico Esquerro. El director (Mariano Llinás) tiene que filmar la escena de un asesinato en una carnicería. Pero su actor tiene problemas con meterse en la piel de su personaje (el arma elegida no le parece la mas adecuada, la sangre artificial le da impresión, la tensión no es la correcta)Todos lo soportan, hasta que hay que empezar a pagar horas extra, y entonces lo empujan violentamente a meterse en la piel de este asesino. Este es otra de las apuestas por una producción con un presupuesto más holgado, puesto al servicio de una historia bien contada.

Al igual que en la primera jornada, la presencia del federalismo se hizo notar. Caperucita y el leñador en el monte (después del final feliz) es una producción chaqueña que apuesta a  una relectura del cuento infantil en el norte argentino. En la versión de Sonia Bertotti y Juan Manuel Domínguez, Caperucita es víctima de la violencia de género a manos de su esposo el leñador. La abuela, a pesar de su silencio, que sólo rompe para cantar canciones típicas de la región, no se queda de brazos cruzados. Con una temática también acerca de la violencia de género, pero más cruda por lo directo de su tratamiento, Mónica Lairana dirigió el corto María. Una mujer sufre en silencio el peso de los cuerpos que pagan por poseer el suyo. El encierro y la imposibilidad de vivir la vida de otro modo, asfixian al espectador casi tanto como al personaje, víctima de la trata de personas.

A modo de conclusión de este encuentro de Cine y Video Independiente se puede ver que hubo un cambio sumamente positivo respecto de años anteriores. Como decíamos más arriba, la política del INCAA por promover el cine en todos los rincones del país está rindiendo sus frutos. Se vieron muestras de cine de regiones que otrora eran relegados a la ignominia, fundamentalmente del norte argentino. En este sentido, también fue muy provechosa la Red de Festivales, donde se debatieron temas relacionados con la producción y organización de festivales. De estos encuentros surgió la idea de crear un sitio web que nucleara los pedidos de dicha Red.  También hay que destacar la inciativa de Videominutos por Mariano Ferreyra, una proyección especial de 17 cortometrajes realizado por diferentes directores y organizaciones. Finalmente hubieron, como todos los años, largometrajes invitados: Sibila ( un trabajo autobiográfico de Teresa Arredondo acerca de su tía, presa durante 15 años por ser acusada de participar de “Sendero Luminoso”), Nicaragua…el sueño de una generación de Roberto Persano, Santiago Naci y Daniel Burack (una reconstrucción de lo que fue la Revolución Popular Sandinista en 1979 desde la óptica de un grupo de “internacionalistas” argentinos que participaron de la idea de liberación latinoamericana), Alex, usina de talentos de Roberto Bernardis (un homenaje al Laboratorio Cinematográfico Argentino, pionero de la Industria  y Cinematográfica), la premiada Infancia Clandestina de Benjamín Ávila y Hermanos de sangre de Daniel de la Vega, de próximo estreno.