El partener

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El partener, estrenada por primera vez en 1988 en el Lorange, se presenta, con la dirección de Manuel Vicente, viernes y sábados en el Teatro del Pueblo. Una gran obra que no ha perdido vigencia. 

Entre idas y vueltas

Nadie sabe hacia dónde le puede disparar a uno la cabeza  después de presenciar una obra escrita por Mauricio Kartun. Nadie sabe qué retazos de esos que conforman la totalidad (Kartun declaró alguna vez: “Mezclar desechos. Nunca he hecho otra cosa al escribir mis piezas”) recalarán en otros retazos del pasado, tendrán eco en la infancia, en la memoria colectiva o en diversas asociaciones poéticas.

Dos de estas asociaciones me llegaron (desde lejos, desde siempre) después de ver El partener (que se estreno por primera vez en 1988) en el Teatro del Pueblo. La primera la conforman unos versos de Adagio en mi país (“Dice mi padre que ya llegará/desde el fondo del tiempo otro tiempo”) y la segunda, el comienzo de un pequeño poema en prosa de César Vallejo (“Algo te identifica con el que se aleja de ti, y es la facultad común de volver: de ahí  tu más grande pesadumbre.”).

Los versos de Zitarrosa, aunque podrían ligarse también a una promesa que Pacheco (el padre de la obra) jamás se atrevería a hacer, tienen un vínculo más con el artista que con la palabra y es extra-teatral. En la década del 70´, Kartun le puso letra a las canciones que formaron parte del documental ficcionado Los hijos de Fierro, de Fernando Pino Solanas. Dichas canciones fueron interpretadas precisamente por don Alfredo Zitarrosa. Esa mágica combinación de tradición, folclore, campo, ciudad, política y poesía conforman y traducen un universo creativo y puede leerse en (casi) toda la producción de Kartun.

Todo tiene o puede llegar a tener que ver con todo. Los hijos de Fierro y el hijo de Pacheco. El gaucho cantor y el desertor. La ida y la vuelta. Y de nuevo Vallejo con el final del poema: “¡Alejarse! ¡Quedarse! ¡Volver! ¡Partir! Toda la mecánica social cabe en estas palabras”. Esa misma mecánica es la que funciona en El partener (quizá sea también la mecánica fundante de nuestra literatura). Nico (Rodrigo Álvarez) llega a Campana para buscar a su padre (Juan Palomino) que lo ha abandonado, meses atrás, en un hospital, cuando ya no le servía como partener (Pacheco recitaba versos criollos, Nico zapateaba). Lo encuentra tirado (en todos los sentidos del término) en un cuartito mugriento donde pasa las horas que lo alejan de su nuevo trabajo de cantor-mozo (y no “mozo-cantor) de una parrilla . Lo viene rastreando con persistencia y reclama su lugar (de partener, de hijo). Para su sorpresa, Pachequito ya lo ha reemplazado: una joven profesora de danzas nativas ocupa ahora su lugar. Nydia (Ana Yovino) parece reflejarse en el espejo de Nico aunque no busque acercarse a su padre sino más bien huir de él (de su enfermedad, de su autoritarismo). Una gira artística con Pacheco significaría su liberación, matar un poco al padre para que él no termine matándola a ella.

El partener es una obra sobre la movilidad, sobre elegir o no un lugar (de padre, de hijo) y sobre la soledad que conlleva esa decisión (“¡Qué orfandad esta tierra!- Le dice Pacheco a su hijo-no habemos dos que hagamos un par!”). El protagonista resulta así “gaucho desertor” (como Martín Fierro) pero no se escapa del ejército ni de la policía, ha violado otro tipo de ley (la ley familiar, la ley del padre). No lo verás volver porque sólo sabe huir, por imposibilidad, por miedo (¡vaya uno a saber!).

La obra es también una delicia del lenguaje, mezcla de cultura popular y riqueza poética sin desperdicio, que la puesta dirigida por Manuel Vicente (el fabuloso Herodes de Salomé de Chacra) respeta y enaltece con delicadas interpretaciones.

¿Por qué debería ir usted a ver esta versión de El partener? Porque sigue vigente, porque no ha perdido el “gancho”, ni el humor ni la capacidad de mirar hacia el centro de nuestra cultura ni de disparar vínculos diversos, por más disparatados o desconcertantes que parezcan.