¿Sos de Argentina?: ¡felicitaciones por el papa!

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Nuestra cronista viajera por Italia nos trae su experiencia y su mirada sobre el acontecimiento global que vemos hasta en la sopa.

¡La frase se repite! Una, dos, tres, cuatro veces por día. Estoy a unos kilómetros de Roma, pero los ecos del exitismo no se hacen esperar. Escucho como a otros argentinos también les dicen lo mismo y responden orgullosos: ¡gracias! No es mi caso. Tampoco el de mi compañera de viaje. Y se hacen necesarias aquí algunas aclaraciones 1)Tengo una formación católica (familiar y escolar) 2)Soy apóstata 3)Milito por el aborto, legal, seguro y gratuito.

Todo esto no me ciega para notar el acontecimiento político-religioso que significa que un sacerdote argentino sea papa. Deben estar orgullosos católicos y católicas, solo les exijo que dejen de meter sus rosarios en mis ovarios y sus biblias en mi cama. Sé también que el Vaticano no solamente es religión. Estuve en San Pietro cuando Ratzinger dejo la Santa Sede en helicóptero. Trataba de explicarles a los italianos que me acompañaban en ese momento que para un argentino ver un helicóptero huyendo de un punto físico de poder tiene una significación dolorosa reciente, muy reciente.  No sé si me entienden. Como iglesia para visitar en Roma siempre preferí El Pantheón o , como la llaman los católicos, Santa María de Los Mártires.  Pero es el Pantheón, construído por Adriano, para los dioses del Olimpo, igualito al de Grecia, el que me apasiona: redondo y con un agujero en el techo! Es el lugar donde residen los restos de Rafael y que no puede esconder su nacimiento politeísta: un altar que no deja de ser improvisado tapando el lugar donde antes estuvo Júpiter. También es el Pantheón el lugar dónde se mezcla política y religión, ya que descansan ahi también los restos de Vittorio Emanuell II , padre de la Patria, que para que te voy  a contar el flor de monumento que tiene cerca del Coloseo pero prefiere estar ahí. Veo por la TV Italiana la plaza San Pietro llena de banderas argentinas, busco en esos rostros y los reconozco, dos grandes grupos: el primero compuesto por aquellos a los que justo los agarro esto en sus vaciones romanas. Se compraron la banderita y lloran de alegría porque ningún tour te garantiza semejante espectáculo donde te sentís protagonista. Ayer nomás visitaron el Castelo San Angelo y hoy ya están aquí, recordando sus épocas de campamentos catequísticos, de lo bien que habló el cura cuando los casó y alegrandóse de haber bautizado a sus hijas, así ellas también pueden vivir esta alegría. Vitorean con la bandera igual que vitorearían si se eligiera a Miss Mundo y por supuesto menos que en un  mundial. Se compran también la escarapela papal ( tal vez no saben que la misma la usaron hace unos días los represores de la dictadura juzgados en Córdoba). El segundo grupo de argentinos en la plaza es bien reconocible también. Son militantes, los recuerdo de Acción Católica, del colegio, de los Encuentros de Jóvenes Cristianos, de Catequismo. Vinieron a festejar, y lo respeto más. Están acá porque realmente creen en esto. Los vimos en los encuentros de mujeres defendiendo sus catedrales,o marchando a favor de la familia o la vida. Realmente están viviendo un momento crucial en su vida como militantes políticos y sienten esto como un triunfo, viajaron hasta acá solo por esto, no es que después les queda visitar París o España. Pero esta noche o este día, dónde miles de personas están en la Plaza San Pietro y  muchos líderes políticos participan de esta ceremonia de entronación, dos argentinas en Italia, no responden tan orgullosas a las felicitaciones. En una mesa de un bar, bebiendo una Moretti no tan fría, nos escuchan el acento y nos preguntan: ¿ son de Argentina? Gracias por darnos un papa! Nos miramos extrañadas. Largamos una carcajada, y le explicamos que no tenemos nada que ver, que el papa te lo habrás dado vos misma querida! que que suerte que en tu país puedas abortar en los hospitales ( aunque las italianas deban pelear con la corporación médica)

Seguimos riéndonos, aunque sabemos que nosotras no tenemos nada que festejar. Sino mucho por hacer. Pobre Diego Armando I, desplazado por un humano del axioma: ¿sos argentino? ¡Maradona! ¿Cuándo  volverán a nombrarte al lado de nuestro gentilicio?