Chavismo y literatura

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El primer contacto lo tuve por la tapa de un diario. “Intento de golpe de estado en Venezuela”. Bueno, pensé, otro milico golpista más en Latinoamérica. Corrían los primeros años de la década del ’90 y el neoliberalismo ya mostraba sus colmillos. Al tiempo encontré un reportaje en un matutino donde él hablaba de Gramsci. Allí la sorpresa fue mayúscula. ¿Un militar latinoamericano hablando de Gramsci? Eso sí que nunca lo había escuchado. Más tarde pude percibir mi ignorancia y darme cuenta que yo también, con los prejuicios, había construído una caricatura aún de los propios militares.

A partir de allí comencé a prestarle atención. Y sus discursos me sorprendieron. Un cúmulo de autores latinoamericanos poblaban sus textos. Citas a Martí, a Cortazar, a García Márquez. Citas que revelaban una auténtica pasión por la lectura y por la cultura popular. Lecturas que se expresaban también en su andar revolucionario. El Che, Bolívar, San Martín, Perón y un culto a la historia que fue un ejemplo para todos los ciudadanos, no sólo para los gobernantes. (Una historia que, por definición, debe ser revisionista. De otro modo deja de ser la Historia, como disciplina humanística o ciencia social, para pasar a ser simplemente una religión).

Todos recordamos cuando en pleno New York, en plena asamblea de la ONU, expresó con histrionismo su metáfora satánica. Menos son los que recuerdan que en ese mismo lugar recomendó un libro de Chomsky, cuyas ventas, como nunca en su vida (en la vida del lingüista), se dispararon. También es famosa la anécdota en donde le regaló a Obama el libro de Galeano “Las venas abiertas de América Latina”, en un claro gesto educativo y con el cual todos nos sentimos identificados (¿quien no quiso alguna vez regalarle a un mandatario yanqui un libro tan significativo?).

(Nadie pasa por la historia sin generar controversias, al menos si ese camino se hace con la plena convicción del caminante. Las ideologías tienen la propiedad de la luminosidad. Nos alumbran el camino y ante cada bifurcación nos ayudan a escoger el sendero que mejor se adecúa a ese marco teórico. Pero a la vez las ideologías pueden ser una carga, una invitación a la inacción política. Nos pintan un mundo perfecto en donde sólo caben las ideas. Y cuando la gente construye cosas no sólo utiliza ideas y es allí donde, para horror de los platónicos, la imperfección hace su agosto. El mundo idílico del paraíso socialista asbtracto se hace añicos contra la realpolitik. Parece, en definitiva, que no resulta muy sencillo arrancarles a las corporaciones unos puntos porcentuales más de impuestos, o intentar quitarles los medios de producción. Los problemas del mundo no se solucionan sin resistencias y en la mayor parte de los casos no se resuelven desde un escritorio en donde un intelectual imagina un mundo feliz (seguramente bajo los efectos del soma), sino en el mismo lugar de los hechos y con la gente involucrada como protagonista. Claro, pero ese tipo de políticas necesariamente generan variabilidad y exigen la toma de decisiones, que no necesariamente se ajustan a lo que manda la ideología pues son impuras por nacimiento. Y es allí, en esa desazón, donde nace el escepticismo, que da pie al nihilismo (tan posmoderno) y que termina resbalando en un tobogán directo a la necedad).

Los medios de comunicación lo acusaban de déspota y autoritario. Pero nosotros preferimos decir que era un auténtico rousseauniano, un moderno contractualista, que creía en ese contrato social entre el soberano y el príncipe, sin los intermediarios de la representatividad arrebatada. Que volvía al viejo dilema de la Roma Imperial, el senado oligárquico o el emperador popular. Y que confiaba en que el árbitro era en definitiva el pueblo, que lo elegía y lo elegía y hoy entona elegías y lo llora.
¿Cómo no conmoverse con tamaño despliegue de dolor? Algo sucede en el mundo cuando el pueblo llora y Wall Street sonríe. Algo nos quiere decir eso, aunque sea en un lenguaje indirecto, sin correspondencias punto a punto entre uno y otro estado de situaciones. Algo allí nos muestra las paradojas y contradicciones del mundo capitalista, entre los dueños del todo y los dueños del lodo.

Ya no hay vuelta atrás. Latinoamérica nunca será la misma. La irreversibilidad de la historia se manifiesta en la incontenible marea humana, que más allá del dolor, sabe que las conquistas sociales  no van a ser fácilmente eliminadas y que mantiene, oculta a la mirada de los poderosos, las semillas de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad.

  • Kekena Corvalán

    Diego, hermosa nota, sensible y argumentada, sobre una figura única en estos comienzos de siglo. La mejor manera de celebrar a Chavez es debatir sobre su figura y reflexionar sobre los territorios que se abren ahora, los que él ayudó a pensar para nuestro continente.