Grecia: relatos de viaje

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Nuestra cronista Gaby Borelli Azara, viajera incansable que recorre y escribe, dice muy seria: No me gusta el turismo.

 

No me gusta el turismo. Conocer un país, ligero y rápido: 4 en 5 días te venden. Transportados de un mapa a otro sin ton ni son. Fotos, pose (manito en jarra si es posible) y un gran escenario dónde parece que se conoce algo. Ese escenario, ese telón de fondo para cien mil fotos iguales alguna vez fue un monumento dedicado a Palas Atenea, construido por Pericles como agradecimiento a los dioses por la victoria ante el invencible Jerjes y el lugar donde se decidieron los destinos de una civilización. Escenografía hoy para posar para la foto.

No me gustan las fotos de viajes tampoco. Click y listo, pasemos a la próxima escultura. Después a comer cualquier cosa que parezca de acá, rápido y barato para seguir quien sabe a dónde ni porqué. Ahhh y el menú en ¡inglés! Claro, para que ningún gusto te sorprenda ni conozcas como se dice huevo en griego. No me gusta el turismo. Me gusta perderme en las ciudades y los menúes. Sentir el latido interno de las calles. Preguntar y que no nos entendamos. Descartar el inglés y mirarnos hasta que adivinemos al otro: comunicarse sin lengua. Me gusta perderme en lenguas desconocidas. Tirar la cámara de fotos, porque realmente, ¿alguien puede decirme que buscando dos minutos en internet no encontrará la misma foto que está sacando? Si no sos fotógrafo o afín a la fotografía, hay doce mil fotos iguales a las que estás sacando.

Se podría decir que vine a esta ciudad como turista pero no. Estoy viviendo en otra tan turística como ésta y soy por momentos extranjera, por otros lugareña y siempre visitante. Nunca turista! Porque después de haber compartido con ellos mesas, colas y museos sólo puedo llegar a la conclusión que pararse con la cámara de fotos frente al Partenón es no verlo. Es evitar el encuentro con el cemento tan humano de esas ruinas. Evitar perderse en el derrotero de estos cadáveres de cerámica que gritan la historia paradójica y dramática de occidente. Claro que gritan, si nadie los escucha, están sacando fotos! Templo griego primero (actualizado luego por los romanos) para derivar en iglesia latina y sucesivamente mezquita musulmana, depósito de pólvora luego, y hasta desguazado para vendérselos a los ingleses que muestran sus venas secas en el Museo Británico. Y ahora, fotos! muchas y todas iguales por favor! ¿Cabe esa historia en el lente de una Nikon carísima? Mezclada para siempre en la promiscuidad de fotos en un pen drive o en facebook, junto a las del Colosseo o la torre Eifeel. No me gusta el turismo. Me gusta escuchar hablar en bares o subtes a sus trabajadores, bailar con el ritmo de su lengua. adivinarles un sonido repetido pero distinto. Me gusta codearme en el mercado con precios y ofertas, comprar algo que no tengo la menor idea que es y que no esta en inglés! Sorprenderme con un gusto nuevo. No me gustan las seguridades cuando viajo. Quiero tirar el mapa  y perderme. Caminar si rumbo y no tener planes. Que la ciudad me lleve. No soy turista, soy visitante y los visitantes nos perdemos. Que la ciudad me tienda sus manos, que abra las calles como si abriera los brazos. No la quiero presionar con recorridos preestablecidos. Nos estamos conociendo y necesitamos tiempo. Todavía no me ha abierto su corazón y no espero que lo haga en dos días. Sabe de mi infidelidad. Siento que me dice la próxima, cuando te quedes más tiempo. No soy turista, no me gusta la arqueología barata para viajeros insomnes. Profanación moderna de encontrar en el templo de Zeus, en el corazón de la ciudad, bolsas Made in Taiwán con recuerdos manoseados. He visto miles de chicos y chicas que viajan a 18 países en un año y no hablan otra lengua que no sea inglés. No conocen el Kopoloid ni el Colosseo cuadrado. No han hablado con nadie que no sea con los de su propia calaña y desayunan mirando la BBC o CNN. ¿ Por qué estoy en Grecia, un país que se desangra, desayunando con tres estadounidenses que miran la BBC? ¿ se confundieron de vuelo y agarraron el de Atenas en vez del de Londres? No, simplemente no les interesa: son turistas.  Me levanto y le pido al chico que nos atiende que por favor quiero ver un canal griego, que no me importa si no entiendo un carajo pero quiero estar en este país y no en la sin tierra de los hosteles. Me dice que no sabe. Que siempre está en ese canal. Quiero saber de la vida de él, de sus días y de su trabajo, de si le alcanza o no para vivir, de si le gusta trabajar ahí o no. Preguntaré en la calle, hablaré con la gente. Como nos entendamos.  Como pretendo entender estas ruinas que vigilan a esta ciudad ruidosa de los gritos contra el ajuste. Que grita en griego, y le gusta gritarlo así. En la puerta de Adriano, en la entrada al Templo de Zeus, sobre la actual avenida Amalias, hay dos inscripciones, cada una de un lado de la ciudad, que en perfecto latín reza: Esta es Atenas, ciudad de Tisios. Del otro lado se puede leer: Esta es Atenas, ciudad de Adriano no de Tisios. Parece actualizarse: Esta es Atenas, ciudad de antiguos dioses no del turismo.

Foto que ilustra la nota, tomada por Natalia Lliubaroff.