Tesis sobre un homicidio (II), Diego Paszkowski

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Conocer que Tesis sobre un homicidio es la primera novela de Diego Paszkowski, que se actualiza quince años después de su publicación original, que tiene una versión cinematográfica protagonizada por Ricardo Darín o que fue ganadora del Premio La Nación de Novela en 1998 son todos datos anecdóticos que nos abren la puerta a una obra polifónica, un “psycho-thriller”, como lo define Justo Navarro en el prólogo.

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Para los que disfrutamos del policial, quedar atrapados por una trama sólida, de modo de no poder despegarnos de la lectura, es un excelente indicio de que estamos frente a una buena novela del género. En lo que a este se refiere, todo gira alrededor de un exjuez y prestigioso profesor universitario, Roberto Bermúdez, y un joven de 23 años, Paul Besançon –hijo de un diplomático francés–, que asistirá durante ocho clases al “Seminario de Especialización en Derecho Penal” de Bermúdez. Ambos serán los encargados de llevar adelante la interrogación personal de Paszkowski “sobre la justicia, sobre sus métodos y posibilidades”, según él mismo cuenta.

Sabemos desde el comienzo quién es el asesino: Paul elige como víctima a Valeria Di Natale y lo hace para demostrar que la justicia es ciega “porque no es capaz de ver absolutamente nada”, porque tiene una obsesión enfermiza por la actriz Juliette Lewis –la de Cabo de miedo o de Kalifornia, entre otras muchas películas–, y también para burlarse de Bermúdez en su cara. Lo fundamental es que no importa tanto qué se dice, sino qué procedimientos elige el autor para desarrollar la intriga. Ahí es donde se destaca Paszkowski porque “la novela es como un mecanismo de relojería donde todo funciona en conjunto, una combinación entre lo que quiero decir y cómo quiero hacerlo”.

La arquitectura de Tesis sobre un homicidio se organiza en dieciséis capítulos polifónicos por varias razones. Los impares son para Paul, escritos en una tercera persona focalizada que también nos transmite los pensamientos del personaje, aunque a medida que avanzamos en la narración estos pensamientos pasan a ser directamente un monólogo en primera persona. Todos los capítulos dedicados al asesino están escritos como una oración larguísima con un solo punto al final para mostrar la complejidad de la mente de Paul, sus traumas infantiles, sus obsesiones, su soledad, la incomunicación con sus padres. La elección de determinada sintaxis, entonces, nos traduce una personalidad enferma.

Los pares están centrados en Bermúdez; escritos en primera persona, son un largo monólogo del personaje que reflexiona sobre su propia vida, su trabajo y los alcances de la justicia, pero con una sintaxis más tradicional, que equivale a un pensamiento claro, sin zonas demasiado ocultas, aparentemente.

Los dieciséis capítulos abarcan, además, las ocho semanas que dura el seminario. Hay un tiempo acotado y cronológico después del cual Paul volverá a París, lo que hace que su profesor tenga poco tiempo para resolver cómo encontrar pruebas para encarcelarlo y demostrarle que “la justicia es lo único que nos queda”. Hay también otro tiempo, el de los anacronismos, el que nos lleva al pasado del protagonista y al de su antagonista, a la adolescencia de Paul o a los años felices del matrimonio de Bermúdez con Roxana.

Las voces de los dos personajes principales no son las únicas que se escuchan. Está la de  Bernard, el padre de Paul, que habla de la mirada de hielo de su hijo, una mirada como la de los asesinos; que está preocupado por él y que por eso lo manda al seminario de Bermúdez para no verlo durante un tiempo y para que su amigo le enseñe cómo ser un buen hombre. El punto de vista de Bernard interesa también por cómo ve él a su amigo de la juventud: un docente ejemplar, con un matrimonio feliz, atento, el único que puede enseñarle al hijo la esencia de la justicia. Sin embargo, a medida que avanza la novela, vemos a un Bermúdez diferente, bastante soberbio y con algunos fracasos personales.

Asimismo, hay una verdad que aparece a través de los sueños de Paul y de su profesor, y es a través de esta ventana al inconsciente de los personajes donde el lector termina de comprender sus motivaciones ocultas y el origen de sus obsesiones.

Es interesante también cómo maneja el narrador los diálogos. Si bien en la novela predomina el monólogo, los pocos momentos en que los personajes hablan aportan lo justo para caracterizarlos. Cuando el discípulo y su profesor dialogan en realidad están midiendo sus fuerzas para demostrar la tesis de uno o la del otro. Los diálogos con Laura, la hermana de Valeria, tienen otra finalidad: mostrar a un personaje transparente, que jamás monologa porque lo que muestra a través de sus palabras traduce lo que realmente es en su interior.

El final de Tesis sobre un homicidio está dentro de lo más logrado de la novela. Hay una ironía que cierra el libro, pero lo más interesante es ver cómo se van acercando los personajes, cómo va metiéndose uno en la mente del otro, tanto que el último capítulo, dedicado a Bermúdez, está escrito con la misma sintaxis con la que lo están los dedicados a Paul. A través de este acercamiento, el lector comienza a pensar no ya en la justicia –si es efectiva o no–, sino en aquellos que deben administrarla.

Más allá de la película, de la discusión acerca de sus puntos en común o acerca de qué ganó o qué perdió el libro al ser trasladado al cine, la novela de Diego Paszkowski merece estar en la lista de los mejores policiales de los últimos veinte años.

  • Adriana: La tuya es, por lejos, la mejor lectura de mi novela que he encontrado. Mil gracias. pzk

    • Adriana

      Mil gracias a vos, Diego, por leer la reseña. Para mí fue un placer leer la novela y poder escribir sobre ella. Aunque suene reiterativo y obvio, sos un excelente escritor.

  • María

    Excelente lectura. La novela me gustó mucho. Fui corriendo a ella después de ver la flojísima película, y no solo en lo que hace a la las actuaciones; sino fundamentalmente porque el conflicto central, la endemoniada obstinación de Paul Besançon no se entiende en la película y sí -y ampliamente- en la novela. Falta ahora en Leedor la crítica de la peli.

    • Adriana

      Tal cual como decís, María, una de las genialidades del libro es el tratamiento de los personajes. El protagonista no es un criminal cualquiera ni mata porque sí. Te diría que hasta despierta la compasión en el lector una vez que uno conoce su vida tan vacía y cómo él trata de llenarla con sus obsesiones. Para la crítica de la peli, tenés el link en la reseña (cuando menciono la versión cinematográfica).

  • Claudia Ahora tengo que salir a comprar el libro. ¡Qué provocación la reseña! Y eso que a mí, los policiales no me gustan. Una vez más, Adriana, te felicito por lo que escribís y por escribir (hablando de M. Duras…)

    Ahora tengo que salir a comprar el libro. ¡Qué provocación la reseña! Y eso que a mí, los policiales no me gustan. Una vez más, Adriana, te felicito por lo que escribís y por escribir (hablando de M. Duras…)

    • Adriana

      Muchísimas gracias, Claudia. Aunque no te gusten los policiales, este tenés que leerlo. Lo vas a disfrutar.