Homenajes a Claude Lanzmann y a George Sluizer en Berlín

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La noche del jueves 14 de febrero fue una noche para el recuerdo en la Berlinale. Desde el Festival escribe Fredy Friedlander.
Por pura coincidenca dos acontecimientos muy diversos de la Berlinale del jueves 14 fueron la oportunidad para provocar el recuerdo de seres que ya no están entre nosotros.
El primero fue la presentación, con presencia del director suizo George Sluizer, de un film que filmó en 1993 pero que no pudo terminar debido a la muerte  prematura de River Phoenix, uno de los tres intérpretes centrales fallecido pocos días antes del fin del rodaje. Se trata de “Dark Blood” filmada en Arizona en una zona desértica vedada normalmente al público debido a la contaminación radioactiva resultante de los ensayos nucleares allí realizados. A  ese lugar llega la pareja de actores de films de clase “B”, interpetados por Judy Davis (Buddy) y Jonathan Price, en un Bentley que de golpe sufre una avería. En el medio de la nada aparece Boy (Phoenix) y los acoge en su vetusta y aislada casa. Boy admira a Buddy (incluso tiene una foto sexy de ella) y se lanza a la caza de la mujer ante la mirada molesta de su marido. Lo que sigue es una lucha encarnizada entre ambos hombres por la posesión de la atractiva mujer.  Lo que Sluizer logra es un milagro al armar un verdadero rompecabezas con el material incompleto filmado, agregando comentarios con su propia voz y fotos fijas,  de esa manera “completando” veinte años después una película que podría considerarse perdida. Sluizer, hoy un hombre enfermo e inválido fue ovacionado al igual que Jonathan Price (“Histeria“), que lo acompañó.
“Dark Blood” se convertirá seguramente en una obra de culto y su fallecido actor revivirá en la pantalla de muchos de sus admiradores. Valió la pena el trabajo del suizo y justificada la ovación que acompañó su presencia.
Tres horas más tarde fue el homenaje (Oso de Oro Honorario) para Claude Lanzmann quien se hizo presente con sus 90 años  en el Palacio del Festival.  Recordó como en 1986 presentó “Shoah” en la Berlinale  en dos funciones de seis horas cada una. Lo acompañaron prestigiosas figuras  de la cultura y de los gobiernos de Alemania,  Francia e israel así como Serge Toubiana, Presidente de la Cinemateca de Francia, entre otros.  También estuvieron presentes Dieter Kosslick, Presidente de la Berlinale, que fue quien le entrego el Oso de Oro. Este evento demuestra una vez más el respeto con que los alemanes, muchos hijos y/o nietos de militares nazis, hacen que la Memoria de los horribles hechos ocurridos hace más de  sesenta años no caiga en el olvido. La proyección de una de las más famosas películas de Lanzmann (“Sobibor“) fue un digno cierre de una jornada donde predominó la emoción y el recuerdo de seres que ya no están entre nosotros.
En otra nota se comentará lo más importante de la segunda parte de la Berlinale, que ya se acerca a su fin y donde resulta muy difícil presagiar quien se llevará el máximo galardón.