La niña del sur salvaje

1
36

Hay que ir a ver esta ópera prima norteamericana con una estética cuasi documental, de raro género utópico apocalíptico que entre otras recibió la nominacion a mejor película para los próximos Premios Oscar.

Dos cosas llaman la atención desde los primeros minutos de La niña del sur salvaje: lo primero es que se duda que esas primeras imágenes que estamos viendo, más relacionadas con algún país del tercer mundo, sean de EEUU, (la estetica de miseria documental no parece linkear con la sociedad del ultraconsumo) lo otro, es la presencia de una voz en over infantil que marca cierta linea sensible, y centralmente narrativa:  “Todos los seres tienen un corazón que habla, nos dice cosas” dice esa voz.

Un pollo va a terminar asado, un perro esquelético, un cerdo, peces, cangrejos, incluso la visión de ciertos animales prehistóricos frecuentan algunos planos de esta ópera prima apocalíptica y bestial, que, aunque lleva como título el dulcificado La niña del sur salvaje, se titula en su original Beasts of southern wild, respondiendo más a una referencia a lo irracional de la supervivencia básica de una comunidad al margen de todo. “La gente le tiene miedo al agua” dice en voz over Hushpuppies, mientras bordea con su padre una muralla que rodea una de las ciudades castigadas por el Katrina: parece ser el signo de una doble resistencia: a la pérdida del territorio propio y a ese extremado y sistémico consumo.

La Tina o La bañadera, es un sector en medio del agua donde conviven “las bestias”, animales y gente, y se nos aparece en una panorámica bien descriptiva con la voz de Hushpuppie (la niñita sorpresa Quvenzhane Wallis). Esa comunidad “salvaje”, residuo del capitalismo salvaje, mejor dicho: desclasados, en estado depredador que seguirán pescando y cazando hasta que se terminen los animales domésticos, pescar con la mano, buscando lo que no hay, navegando el resto de la tormenta con un bote-camioneta.

Cámara de oro en Cannes, Gran Premio del Jurado en Sundance 2012, nominada a 4 Oscars para el 2013, incluida mejor película, La niña del sur salvaje es un raro exponente de un cine independiente, que no por ser de origen norteamericano es menos independiente y que a su vez entra al mainstream de premios mundiales por esa cámara de oro de Cannes dándole visibilidad a su vez para sus 4 nominaciones al Oscar. Probablemente su incorrección política se “corrije” con esa inserción.

La mirada de Hushpuppie, una niña negra de 6 años, sostiene narrativamente la película de Benh Zeitlin, y contrariamente a lo que pueda pensarse lejos de los juegos de infancia esos ojos escépticos, rodeados de la dura violencia, de los restos que deja la tormenta, arman una película que orilla la utopía. Aunque está todo mal, Hushpuppie irá en busca de su madre (la secuencia del baile de los niños con las prostitutas) y en los brazos de una posible madre encontrada hallará respuestas que quedan para el final.

El sur es el lugar de las bestias, con vuelta incluída al “buen salvaje” del que la civilizacion moderna no parece poder desprenderse: un buen salvaje apocalíptico que camina por caminos imposibles. Podemos seguir pensando en ese imaginario. Mientras tanto, por las preguntas que instala, por la potencia emotiva y fílmica de esta película rara, insistimos, hay que ver La niña del sur salvaje.