Zapatismo y literatura

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A comienzos de la década del ’90 y como parte de los recordatorios por los 500 años de dominación europea en América, los pueblos originarios comenzaron a hacer oír su voz, cada vez con más fuerza, con música y melodía pentatónica. Desde el mismo momento de la invasión europea la resistencia indígena estuvo presente y en forma continua, las rebeliones fueron siempre una constante. Pero tanto el estado colonial como luego los estados nacionales los combatieron con fiereza en nombre del “progreso”, olvidando estos últimos el noble papel jugado en la independencia de la metrópoli. La admirable persistencia y la indomable memoria fueron los pilares sobre los que se asentó su supervivencia. Como dijo una vez un sabio poblador Tehuelche: “y sin embargo existimos“.

Recuerdo que el domingo 2 de enero de 1994 leí en el diario que un grupo insurgente del sur de México se había alzado en armas. Mi primera reacción fue de empatía y me acuerdo que ese mediodía brindamos con la familia por los nuevos rebeldes. Corrían los años del neoliberalismo y eran pocas las bocanadas de aires fresco que no salían de los shoppings. Todo parecía tan perdido (mientras caían sobre nosotros las cadenas de supermercados). Eran tiempos del derrumbe de la Unión Soviética y del triunfo del Egoísmo Unido de Norteamérica. Pero llegaron Ellos desde el estado de Chiapas y detrás de ellos nos encolumnamos todos los huérfanos de la esperanza.

Recuerdo también la confusión troska en la facultad frente al nuevo fenómeno, llegaron a acusarlos de agentes de la CIA. Pero, ya se sabe, lo esencial es invisible a los troskos. Una de las primeras cosas que sorprendieron fue que su vocero, el Subcomandante Marcos, no era el líder y que sus objetivos no eran fundamentalmente tomar el poder, como era tradicional en las guerrillas insurgentes latinoamericanas, sino simplemente (¿?) garantizar un espacio de libertad.

A partir de allí y en consonancia con el lanzamiento de la web y de los nuevos medios masivos de comunicación, que permitían intercambiar información por fuera de las multinacionales de prensa, comenzaron a aparecer los textos del Sub, que no sólo referían a las acciones del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) sino que abrevaban en las aguas dulces de la literatura. Tempranamente comenzaron los intercambios epistolares entre el Sub y diversos intelectuales y escritores de habla hispana. Allí se nos reveló un escritor formidable, que siempre mostró pasión por la literatura y por otras manifestaciones culturales y que permanentemente hizo gala de un sentido del humor notable (al parecer Jauretche tenía razón y nada grande puede emprenderse sin alegría).

El Sub Marcos es un escritor que utiliza todos los recursos y géneros literarios a su alcance. Cuentos, ensayos, poesías, dibujos o panfletos (rescatando a estos últimos del páramo de la mera propaganda y llevándolos al nivel de la literatura deliciosa); todos ellos conforman su repertorio prolífico.

Transcribamos algún fragmento, para que se comprenda mejor lo que queremos decir: “Ahora es la luna una manzana mordida. La ardiente fragua del mayo en la montaña le ha arrancado el vestido de nácar, de colorado la ha pintado, y un viento negro le insiste, por occidente, con lúbricos mordiscos.” (Los zapatistas y la manzana de Newton). Esta poesía lírica  claramente no es usual en los comunicados de los grupos insurgentes y rebeldes del mundo; es, sí, una marca del carácter complejo y hermoso del movimiento zapatista.

El zapatismo se inscribe en la mejor tradición latinoamericana de rebeliones y revoluciones. Rescata y aplica lo mejor de cada una, el carácter popular, los claros ideales, la paciencia de los pueblos originarios. En definitiva el zapatismo es una revolución del aprendizaje y por ello mismo, siempre cambiante.

Hace 19 años que los zapatistas resisten en las montañas del sureste mexicano la imposición global y local del neoliberalismo. Hace 19 años que practican una forma de democracia, las Juntas del Buen Gobierno, que son un ejemplo de horizontalidad. Hace 19 años que las mujeres ocupan un lugar en el mundo zapatista que no ocupan en ninguna otra sociedad en el mundo. Hace 19 años que los teóricos liberales y marxistas intentan, sin éxito, por suerte, explicar el fenómeno zapatista. Tal vez sea como nos transcribe Marcos las sabias palabras del escarabajo Don Durito de la Lacandona: “el problema con la realidad es que no sabe nada de teoría”.