Llanto de sauce

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El grupo teatral Aqueles presenta, en el Teatro Del Abasto, Llanto de sauce con dirección de Horacio Nin Uría. 

 

Una sombra ya pronto serás

En Llanto de sauce no pasa (casi) nada. O, mejor dicho, todo lo que pasa sucede en otro plano que subyace a las breves acciones de los protagonistas. Algo resuena, vibra por debajo de las palabras, de la quietud de una pampa desbastada. Otra lógica los atraviesa, es la lógica del olvido.

Una exposición de fotos es la excusa que tiene un joven (Alfredo Staffolani) para contar la experiencia de un viaje, una excursión por lo ignorado, por la existencia de los otros, diferentes pero tan iguales que modifican su propia existencia. Viaja sin rumbo fijo como escapando de algo que nosotros, en tanto espectadores, desconocemos. Nadie lo espera. No sabe ni adónde ni hasta cuándo pero el camino lo lleva a un paraje desolado que habitan una pareja (Mariana Estensoro y Román Tanoni) y su fiel peón (Juan Manuel Zuluaga). Esa abrupta irrupción en la monotonía cambiará el curso de sus vidas.

En un lugar donde acecha el sol y la sequía (“Las vacas comen piedras”) los personajes deambulan como sombras, cargando sobre sí una construcción simbólica de mucha fuerza, que se potencia con una poética delicada y un tanto esquiva que es necesario decantar. Más allá de las palabras, hay signos en los cuerpos que connotan el estancamiento, ese vivir fuera del tiempo: el hombre está condenado a una silla de ruedas, la mujer arrastra una melena enorme y sabe que se quedará allí mientras el cabello le crezca y el peón luce un extraño disfraz (¿disfraz?) de mulita. Quizá sólo en este último haya posibilidad de fuga, brille alguna esperanza (se dice que las mulitas son buenas para las adversidades y que son capaces de nadar tomando aire en la superficie).

Entre lo que se mueve y lo que permanece, aparece el paisaje de la pampa como un territorio de influencia negativa para el espíritu. Lejos de la épica de los gauchos, lo que se muestra en la obra, como telón de fondo, es un campo arrasado por el devenir despiadado de la industria.

Llanto de sauce es una pieza fragmentada en pequeñas escenas cargadas de tristeza y de desolación porque lo que resuena es la pregunta sobre qué hacer cuando ya no se espera  nada o, lo que es peor, cuando se espera cualquier cosa.

Me acordé de Una sombra ya pronto serás, aquella novela oscurísima y demencial y de las palabras que deslizó Osvaldo Soriano sobre la versión cinematográfica: “Hay un clima de extrañeza, de espera, de violencia contenida, esa Argentina de nadie, ese lugar de los sueños destrozados y las esperanzas renovadas contra toda esperanza”. Me parece que le cuadra muy bien como una definición posible.