Bajo este sol tremendo, Carlos Busqued

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Todo texto puede leerse a partir de sus paratextos. En este sentido, el epígrafe de Bajo este sol tremendo de Carlos Busqued nos dice mucho acerca de cómo interpretar esta novela finalista del Premio Herralde 2008. Los versos de Alfred Tennyson de su poema “The Kraken” nos imponen un recorrido de lectura, una isotopía tal como la define Greimas: “conjunto redundante de categorías semánticas que hace posible una lectura uniforme”.

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El kraken es una criatura marina de la mitología nórdica, similar a un pulpo, pero de proporciones gigantescas. ¿Por qué esta elección para abrir la novela? Hay en todo el texto una inquietante mención de pulpos, calamares, escarabajos enormes, elefantes, cangrejos, cocodrilos australianos, perros violentos, insectos muertos, etcétera. Pero también hay personajes, cuya existencia está relacionada de alguna manera con estos animales: Cetarti, a quien echaron de su trabajo hace seis meses y que debe viajar a Lapachito para cobrar un seguro de vida después del asesinato de su madre y su hermano; Duarte, un exmilitar corrupto, que será el encargado de gestionar el seguro; Danielito Molina, el hijo del hombre que asesinó a la madre de Cetarti. A los tres los une la sordidez, la crueldad, la violencia, los porros y mirar televisión.

Los documentales en el Discovery Channel se transforman en un leitmotiv de toda la historia. Los personajes pasan gran cantidad de tiempo viendo programas sobre animales, pero también tienen algo de estos, omnipresentes no solo en la televisión, sino también en revistas, en pósteres o en la convivencia diaria. Cetarti es como el ajolote, del cual se hace cargo, “casi siempre inmóvil”, nadando perezosamente cada tanto para buscar su comida en la superficie; Danielito es un poco como la elefanta del circo, cuyos movimientos son tan involuntarios como los suyos, ya que él tampoco puede decidir sobre su vida, siempre a la espera de una orden de su madre o de Duarte; El exmilitar, finalmente, es como el pulpo que aprisiona a los demás y los envuelve en su propia brutalidad.

Los tres hombres son borders, según palabras de Busqued, y carecen de conciencia moral. Es imposible que el lector se identifique con alguno de ellos, pero tampoco el autor pretende que los juzguemos. De todos modos, hay una gradación en cuanto a la apatía y a la crueldad que va desde Cetarti, pasa por Danielito y culmina con Duarte, un hombre capaz de mirar películas pornográficas y sadomasoquistas, y al mismo tiempo con la paciencia y la habilidad suficientes para armar y coleccionar aviones a escala. Ninguno, además, muestra demasiado apego por la vida de los otros, ni manifiesta dolor por el sufrimiento ajeno. Si a esto le sumamos una narración en un registro monocorde, sin demasiadas emociones, con un lenguaje despojado, se hace más visible esa crueldad que subyace en cada una de las acciones de los personajes.

Volviendo al recorrido de lectura, toda la novela se organiza a partir del cronotopo del viaje, concepto bajtiniano que se desarrolla en torno al movimiento del protagonista. Este viaje siempre adquiere en la literatura un significado simbólico, es un movimiento interior del héroe –que en este caso, demás está decirlo, es un antihéroe–. El viaje de Cetarti a Lapachito lo lleva a un lugar, cuyo resultado visual de casas deterioradas es desolador, todo acompañado de olores nauseabundos. En la morgue, cuando él debe reconocer a su madre y a su hermano, también se pone énfasis en la “pestilencia de muerte”. En la casa de Molina, donde se cometió el crimen, hay “olor a ropa sucia y humedad impregnada de sudor alcohólico”.

En un segundo viaje, Cetarti se muda a Córdoba, a la casa de su hermano asesinado, la que tiene un fuerte olor que viene del matadero cercano, es especialmente fea y se encuentra en una calle rota. Adentro también hay una mezcla de olores porque su dueño se ocupaba de juntar todo tipo de cosas, muchas inservibles; otras, no tanto. Así, el deterioro moral de los personajes no se juzga, pero se evidencia en el afuera, como si entre ese afuera y la interioridad de estos personajes hubiera una identificación, o como si uno duplicara la sordidez del otro.

La duplicación también se manifiesta en Cetarti y Danielito. Ambos tienen en común no pocas cosas: el padre de Danielito mata a la madre de Cetarti; ambos tienden a la inacción, se drogan y no tienen un trabajo fijo; los dos se relacionan con Duarte; les gusta pasar horas frente a la televisión, hablan poco y hasta tienen sueños similares. Estos sueños tienen mucho del surrealismo que, a su vez, se basa en la teoría del inconsciente de Freud. Es claro que los sueños de Cetarti y de Danielito muestran sus miedos, sus deseos reprimidos, sus angustias más profundas. Reforzando la similitud entre los dos personajes, pero en el nivel del enunciado, los capítulos 36 y 37 cuentan lo mismo pero desde el punto de vista de cada uno de ellos.

Comparada con la narrativa de Raymond Carver y lejos del costumbrismo que parece dominar cierta literatura contemporánea, Bajo este sol tremendo sorprende por su minimalismo, por su realismo con algunos tintes surrealistas, por su casi natural presentación de la violencia y, esencialmente, porque está bien escrita.