Povnia: arrojados al vacío

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Segunda nota para este espectáculo imperdible que termina la próxima semana.

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Una mujer joven cae en escena. Llega con los rumores, los últimos alientos de un mundo que ya no existe más, al que ella ha pertenecido. Un país ficticio, el mismo que le da nombre a la obra. A lo largo de la hora y media de despliegue de este intenso espectáculo de clown, Lila Monti pone en juego una enorme, tanto en cantidad como en calidad, variedad de recursos para componer a esta mujer tan querible como por momentos detestable: una paria que viene a caer por accidente a un mundo que desconoce por completo, en el que nadie parece entenderla, donde la hostilidad reina. La radicalización, la exageración y la repetición de ciertas situaciones y procedimientos le permite a la actriz generar notables momentos de teatralidad, en los que los opuestos se tocan permanentemente: de la risa extrema se pasa al llanto más desconsolado y viceversa. La interacción que propone  con el público asistente a la función es particularmente increíble: su dominio de la situación teatral, entendida esta última en amplio sentido, es francamente asombroso.

Más allá de las obvias resonancias que la obra propone en relación al sentimiento de extranjería y a la pérdida de un mundo que ha desaparecido, no puedo evitar pensar que “Povnia” es en realidad un clara referencia a la situación en la que nos encontramos todas las personas, cualquiera de nosotros, más allá de que seamos extranjeros en sentido estricto o no: somos huérfanos solitarios, arrojados a sobrevivir en un mundo cada vez más incomprensible y deteriorado, y en donde sin embargo lo maravilloso ocurre todo el tiempo, frente a nuestros ojos, y no tenemos más que cambiar nuestra forma de percibir y de aprehender lo real para poder así, de una buena vez, transformarlo.

Una obra imperdible cuyas últimas funciones se realizarán la semana próxima.