Tres tipos duros

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En épocas de remakes, donde casi todas las películas son un refrito de algo ya visto, Tres tipos duros tiene, al menos, la ventaja de darle una vuelta de tuerca a esta moda.

No es una remake de otro film, pero sí es un revival de personajes típicos para Al Pacino y Christopher Walken.

Cuando Pacino sale de la cárcel después de 30 años de encierro, sólo cuenta con su leal amigo interpretado por Walken. Pero el mafioso que lo puso en la cárcel le ha encomendado matarlo antes del amanecer. Así es como deciden pasar esas 24 horas de gracia juntos: reviviendo sus años de gloria.

Como una suerte de justicieros jubilados se pasean por la ciudad rescatando amigos, vengando a las víctimas de la mafia rusa local y comiendo hasta el hartazgo. El viagra y el alcohol forman parte de la ecuación, aunque claramente es la parte más patética.

Sin embargo repunta en los minutos finales cuando la palabra cede el protagonismo a la acción. Personajes que buscan pasarla bien y sólo al final un poco de redención es l la clave. En este sentido sigue la línea de films autoconcientes de héroes jubilados(léase Los indestructibles y la próxima a estrenarse de Duro de matar), donde sólo pueden funcionar si se rien de sí mismos.