En las paredes de la fábrica de hombres

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Diego Arbit y su prosa desdoblada, esquizo, delirada, literaria, en una de las más potentes narrativas que acecharon el 2001 y acaba de ser reeditada por Milena Caserola.

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En las paredes de la fábrica de hombres fue editada por el propio Arbit en 2001, año de la crisis económica que marcó el final de la década liberal menemista y la sensación generalizada de que ya no había ni salida ni futuro. Ese año lógicamente, es un punto de inflexión para considerar la emergencia de otras formas artísticas y culturales.

La nouvelle de Arbitt describe un movimiento errático aunque lógico, el de un joven argentino transitando la experiencia laboral alienante de ser cajero de supermercado, más concretamente de la cadena Clo-Clo, propiedad de Gonofredo Clo-Clo, una especie de Hug Hefner del retail de productos domésticos y un símbolo de la cotidianeidad y el poder en el mundo del protagonista, un mundo a punto de estallar.

La acidez de su mirada se entrecruza con la desesperanza, con un estado de naúsea sartriano y para nada humanista. La fábrica de hombres es un modelo robótico a gran escala, que no sólo provoca ventas, sino básicamente sujetos disciplinados que repiten en la línea de atención del cliente, como autómatas y sin que lleguemos a entender del todo tampoco qué significa: “Buenos día. ¿Clo-Clo se los frunce?.

Paranoico y lógico, el texto merodea permanentemente sobre el tema de salir o quedarse dentro del sistema, universo cerrado y propio, implacable y donde la violencia es ademásn principio fundante de la escritura que la cuenta.

Otros tìtulos de Arbit: Muchos nenes muertos, En las paredes de la fábrica de hombres, Empiezo a caminar en círculos, Soy todo ojos mirando, Tríptico, O quizás  nada, Masticando mis sueños, Nada para nadie y Parque Centenario.

Los libros de Arbit suelen conseguirse en los encuentros que propone la FLIA (Feria del Libro Independiente). Y también en la Libre, Bolívar 646, San Telmo.