Downton Abbey, una exitosa vuelta a las series dinásticas

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Éxito absoluto en su país de origen y en los Estados Unidos (contando con el fanatismo expreso de Michelle Obama, que según los medios locales ordenó copias por adelantado de la temporada 3), Downton Abbey, seduce desde todos los lugares: un impecable vestuario y la espléndida escenografía que aporta el Castillo Highclere, se combinan a la perfección con una interesante trama, que además expone los usos y costumbres de la aristocracia inglesa y su servidumbre en pleno reinado del nieto de Victoria, Jorge V.

Es abril de 1912 y el telégrafo empieza a trasmitir. La noticia, a juzgar por las caras de quienes la reciben, no es buena. Nada buena. El Titanic, el lujoso barco que salió de Southampton, Reino Unido, con destino a Nueva York, Estados Unidos, se ha hundido en el Atlántico Norte. Un viaje inaugural convertido en catástrofe, que será a su vez la punta del iceberg de una historia anclada en tierra, abundante en condimentos novelescos, políticos, sociales, amorosos e intrigantes, como lo es la exitosa serie británica Dowton Abbey, que ya finalizó su tercera temporada en Inglaterra y que Film&Arts recién estrenará aquí el 7 de marzo, ofreciendo -durante este mes y febrero- maratones con las dos temporadas anteriores.

Creada por Julian Fellowes, escritor, actor, director y guionista británico (Gosford Park, The young Victoria, The turist, la miniserie Titanic), además de Baron de West Stafford (nombrado en 2011), la serie cuenta las peripecias en la vida del conde de Grantham, Robert Crawley, su esposa Cora (norteamericana ella), sus tres hijas, Mary, Edith y Sibyl, y de la madre de Robert, Lady Violet, la condesa viuda, encarnada por la multipremiada y de inmensa trayectoria Maggie Smith, que los más jóvenes conocen como la profesora Minerva de Harry Potter. Paralelo a este relato, la serie cuenta la vida del personal de servicio de esta familia aristocrática (por momentos provocando el recuerdo de la mencionada Gorford Park, y más atrás en el tiempo, de Las reglas de juego de Jean Renoir y Los de arriba y los de abajo, de la televisión británica de principios de los años 70).

Éxito absoluto en su país de origen y en los Estados Unidos (contando con el fanatismo expreso de Michelle Obama, que según los medios locales ordenó copias por adelantado de la temporada 3), Downton Abbey, seduce desde todos los lugares: un impecable vestuario y la espléndida escenografía que aporta el Castillo Highclere, propiedad de la familia de Lord Carnarvon (compañero de Howard Carter en su aventura a la tumba de Tutankamón) desde 1679 y actual sede de una importante exhibición de arte egipcio, se combinan a la perfección con una interesante trama, que además expone los usos y costumbres de la aristocracia inglesa y su servidumbre en pleno reinado del nieto de Victoria, Jorge V.

El primer capítulo ya sirve de cebo. El Titanic se ha hundido y con él las esperanzas del Robert Crawley de casar a su primogénita con su primo Patrick (heredero del título de conde y con él de todos los bienes, incluida la finca Downton), que por desgracia subió al barco. Si no sucede un milagro, a la muerte del conde Robert, su familia perderá casi todo. En algún lugar un heredero existe, pero -para sumar mala suerte- pertenece a la aborrecida clase media que habla de trabajo y de fines de semana; aborrecida incluso por mucamas y lacayos que se niegan a la idea de servir a “un don nadie”. Estos, “los de abajo” hacen carrera allí, aspiran a reemplazar o desplazar a los actuales mayordomo y ama de llaves, sueñan con otra vida o sufren y se alegran con cada matiz de la vida de “los de arriba”.

La segunda y la tercera temporada tienen interesantes aportes como la participación de Shirley MacLaine como la suegra de Robert y algunas desapariciones que no vamos a adelantar aquí. Pero si alguien quiere ponerse al día antes del jueves 7 de marzo a las 22, fecha en que se lanza la tercera temporada, puede hacerlo en los diversos horarios que ofrece Flim&Arts o a través de los distintos canales de internet. Sin duda será una cita de gala.