Dalí y Lorca, Diario de un viaje imposible

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La obra recrea la estrecha amistad y la influencia mutua que existió entre el pintor catalán y el poeta andaluz. 

 

Se conocieron en la Residencia de Estudiantes de Madrid, en 1922. Dalí tenía 18 años y Lorca 24. Entablaron una poderosa amistad (fotos, odas y algunas cartas lo documentan) que luego fue mito, murmullo y un poco también chisme. Es que resulta extraño que dos personalidades tan disimiles pudieran ejercer sobre el otro tamaña influencia. Se ha dicho mucho sobre esta relación, se ha escrito un libro (en 1999, Ian Gibson, el mayor biógrafo de la vida del poeta andaluz, publicó Lorca- Dalí: El amor que no pudo ser)   y se ha hecho una película (Little Ashes, dirigida por Paul Morrison en 2008).  Ahora es el turno del teatro argentino.

La Compañía Teatro Sin fronteras, con dirección de Carlos Rapolla y dramaturgia de Rolo Sosiuk, se pone al hombro esta enigmática historia para ofrecernos su particular versión, en la que predominan la intensa emoción poética y la exacerbación de ciertos rasgos de personalidad de los personajes, aquellos que perduraron en la memoria colectiva, como el carácter apasionado del poeta y la locura sobreactuada (lindante con el patetismo) del pintor.

Dalí y Lorca, Diario de un viaje imposible es un recorrido por la memoria (la persistencia de la memoria) del pintor, por los recuerdos que conserva de su relación con Federico, reconstruidos de manera fragmentaria, aleatoria, surrealista. Desde su atelier, al oír la noticia del secuestro de su amigo en Granada, Dalí se retrotrae al pasado que los unió para contar la historia de un amor que fue genialidad y respeto mutuo, aunque se insinúen otras instancias que nadie podrá comprobar pero si imaginar,” literaturizar”. Así, el tiempo y el espacio pierden peso y sustancia, se disgregan en el discurrir del pensamiento que nos lleva, casi sin avisar, de Madrid a Granada, De París a Cadaqués o Figueras, entre 1922 y 1936. Ensueño, deseo y realidad se confunden (Federico pregunta “¿Todo esto es real?”) y todo está ahí para ser dicho, incluso una imaginada muerte (¿Cómo será morir? ¿A qué se parece la muerte?).

Hay algo de magia en la obra, logra crear un particular verosímil que permite que el espectador crea pronto, muy pronto, lo que está presenciando. Cuando todo comienza es difícil relacionar a esos dos personajes que están en escena con las personas que representan pero los actores tienen  la capacidad necesaria para meterte en el juego, de atraparte en la palabra poética para llegar a la emoción. El texto de la obra está hecho de retazos, es una acertada confluencia de fragmentos vitales que han sobrevivido a los artistas (se reconocen en él las cartas de Dalí, ciertas intervenciones públicas, algunas ideas recolectadas por Gibson, anécdotas y los bellos poemas de Lorca) y la propia inventiva del autor para combinarlos y darles nueva fuerza.

Dalí y Lorca… es una buena opción entre la variada cartelera porteña de la temporada que comienza, para pensar o repensar a dos artistas fundamentales del siglo XX, para pensar en el amor y sus posibilidades y en la resistencia eterna del arte, de la poesía.

 

 

 

 

  • Martin

    Excelente!!!! Una obra maravillosamente escrita super recomendable! El texto de Rolo Sosiuk increible

    • Sebastian Urrain

      Comparto la opinión, fui a verla con un grupo de amigos y nos parecío a todos una obra excelente, las actuaciones nos dejaron emocionados y la historia tan bien contada. Se merece los aplausos que dio la sala al final!!