Vicente Luy: Poesía Popular Argentina

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¿Qué es la poesía? “En teoría, la única ciencia que se ocupa del problema”, escribe Vicente Luy, poeta cordobés de quien pronto se cumple un año de su muerte. Leímos y recomendamos su Poesía Popular Argentina.

 

“¿Tus palabras no atraviesan las paredes?
Modifica tus palabras”. Vicente Luy

 

De su poesía puede leerse mucho, sobre todo en ciertos círculos absolutamente laterales y para nada canónicos de círculos cordobeses y tucumanos, donde pareciera en muchos casos que florecen felizmente otras voces.

Vicente Luy nació en Córdoba en 1961, es decir, tampoco puede ser considerado joven dentro de la escena poética argentina, como cuando nuestro estimado Juan Manuel Candal habla en este mismo portal de “los novísimos latinoamericanos”, una nota de las más consultadas de leedor.

Pero que no sea considerado un joven poeta no depende solamente de la edad, quizás haya otras marcas que le dan aires noventosos. Hoy la escena está dominada por un amplio espectro de edades que es considerado “Joven Poesía Argentina”, que va de Mariano Blatt, Santiago Nerone y Paula Trama a Walter Cassara y Paula Jiménez España, por nombrar algo del ecléctico panorama, y allí destaca y a la vez disimula Luy, desentona y entona, siempre sumergido en andares tan paralelos que le permiten entrar en polémicas y ser susceptible de cualquier transitar.

Entre sus libros publicados se cuentan: “Caricatura de un enfermo de amor” (Último Reino, 1999), y en de manera independiente “La vida en Córdoba” (1999), “Aviones” (2002) y “No le pidas peras a Cuper” (2003). Fue miembro de Verbonautas, integrando la antología editada por Eudeba Libros del Rojas titulada “Acción Poética”.

Uno de sus libros más conocidos es una recopilación de poemas que se llama “La sexualidad de Gabriela Sabatini”. En 2008 vió la luz pública el ejemplar “¡Qué campo ni campo!”, editado por Llanto de mudo.

Y en 2009 la antología especialmente preparada por el autor, titulada Poesía Popular Argentina, que compila algo de cada uno de sus libros, y es un buen disparador para asomarse a su escritura. Fue editado por Editorial CILC (Casi incendio la casa).

“¿Venderle el alma al diablo? Sí, pero cara. Y si se puede, venderle también otras cosas. Y venderle a Dios lo que el diablo no compre”, dice por allí en un reportaje que era su poema preferido.

A mí me gusta mucho el tono grafitti de algunas de sus páginas, como cuando dice

“Lo que está mal está mal.
Pero lo que está bien también está mal.
Charlalo con tus padres.”

Así, con ese tono entre bajada de línea política, sarcasmo y espíritu antisistema, como cuando proclama sus mensajes al pueblo, siempre acompañados de una ilustración donde la imagen releva o ancla pero siempre le suma melancolía a ese tono, le quita autoridad, le baja decibeles, lo pone hasta en ridículo. Pregonar en el desierto es el destino de toda poesía contenporánea, siendo el desierto el lugar más exquisito que nos queda, especialmente por tratarse de “la única ciencia que se ocupa del problema”.

Además de ilustraciones y juegos tipográficos, hay recortes de periódico comentados, huellas de su época, algunas más o menos monumentales, que recuerdan los peores estragos del menemismo y sus consecuencias, a la par que un descarnado tufo a Bataille pone sinonimias entre la vida y el ano, el sexo y el poder, el fútbol y los sueños. Todo ello, si me pongo exigente, de un modo desparejo, a momentos brillante desde lo poético, a momentos previsible o incluso impotente (dice Luy: “El problema con la poesía es que
la metáfora puede ser una forma de ambigüedad”), pero siempre interesante para la lectura.

En fin, de este poeta, que se suicidó en febrero de 2012, nos queda su escritura que mezcla soledades con llamadas a la acción, rebeldías con aceptaciones, que en todo caso serán puntos de contacto con algún lector perdido (y no tan perdido, ya que los tiene, de culto, de amor odio, de colegas, de proyectos), y una sensación de escribir/decir como acto de entrega imponderable, como amenaza, como síntoma maldito de que la poesía sigue siendo el arma que nos queda.

 

  • Gabi Cabezón Cámara

    A mí me encanta Luy. Qué buen artículo, Kek.

  • Kekena

    Gracias Gabi! Cuánto nos queda, cuánto tenemos por leer!