Sobre Holy Motors

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No siempre las re formulaciones de las tradiciones dan como resultado  “carcazas vacías”  como propugna un sitio argentino de cine a través de uno de sus comentaristas más lúcidos y que es, además, uno de los directores del cine nacional más interesantes de los últimos años.

 Tampoco los momentos críticos son generadores de “malogrados efectos decadentistas”. O sí, perdón  Quizás sí. Siempre y cuando se le quite, claro, algún tinte negativo para poder pensar, en cambio, que, como muchos estilos de la historia del arte o del cine que para el caso es lo mismo, a veces son los momentos críticos los que producen significados más intensos, producciones más ricas, nuevos abecedarios, nuevas reflexiones.

Nada parece fresco en estos tiempos de post-post. Eso es verdad. Tendremos que navegar en esos mares de incertididumbres en todo caso, pensando que de un día para el otro el mundo se termina y que el cine, también eso es verdad, tal como la literatura o el arte, lo vienen pre anunciando hace mucho más tiempo de lo pensado.

Estoy hablando de Holy Motors, desconcertante pelicula de Leos Carax que revuelve en una especie de road movie en el arcón de los artificios del cine, empezando por los ejercicios de Muybridge, o al menos su herencia. La nota que hizo Fabian Roberti en momentos de exhibición en Buenos Aires en el marco de la Semana de Cine europeo es suficientemente elocuente y la recomiendo.

Me interesó sí, lo escrito por Prividera porque me hizo pensar en ese lugar tan frágil de lo contemporáneo entre lo subjetivo y lo que objetiva la pantalla. Las referencias propias repensadas a partir de la invitación de este personaje (siempre revulsivo Denis Lavant) a asistir a mundos de artificio, cumpliendo”eventos” (palabra que le quita cualquier reverberación de misión religiosa), un personaje que no va hacia ninguna parte en una realidad mas bien tridimensional  no lineal, no recta, no vertical. No hay surrealismo en ese recorrido primeramente porque parece no haber postulado político no hay herencia Buñuelesca, porque el sinsentido anti-burgués del gran Luis era el motor principal que acá parece perderse en esa  misma multidimensionalidad de la que hablaba. Más emparentado con Matrix (y lo bueno de Matrix) que con El ángel exterminador. Para este personaje es lo mismo estar debajo de las alcantarillas, que en los cementerios, o en los cuartos de hotel, o en los techos de las tiendas abandonadas, enamorado, abandonado, padre contrariado o mendigante.  Es lo mismo ser ficcion que realidad.

Habrá que pensar mucho más todavía Holy motors,que por momentos es una película antiestética, risible, absurda y expulsiva. Para poder ver si el telón que abre es hacia un pasado definitivamente cerrado (no siempre instalado en la cinefilia) o hacia un futuro que empieza a ser de una vez  por todas, novedoso. El tiempo dirá.

Y es la pura verdad que la culpa de todo esto la tienen los inconscientes de los hermanos Lumiere.