Red State, en DVD

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Red State, la disyuntiva entre la paranoia estatal y el fanatismo religioso.

Lo que al comienzo deviene como una película de adolescentes llenos de testosterona en una comunidad “apacible” en el interior profundo de los Estados Unidos, deviene en un gran film que cuestiona algunos de los pilares centrales de aquel país: el fanatismo religioso, la portación de armas y la supuesta lucha “antiterrorista” emprendida por el gobierno luego del 11 de septiembre de 2001. Nos referimos a “La Secta” (Red State, 2011), la película del gran Kevin Smith que en Argentina se estrenó directo en DVD, confirmando la pobrísima política de distribución que caracteriza a este mercado, la cual es capaz de dejar muchos títulos de excelencia como éste fuera de un estreno comercial.

La película aborda con inusuales dosis de paranoia gubernamental y delirio místico-religioso, lo que ocurre dentro de esta especie de secta en la que, cual cazadores de pecadores que practican una justicia de mano propia que aterra, van atrapando y asesinando de la forma más cruel y salvaje víctimas cuya grave falta es ser homosexual o ser un adolescente concupiscente y lujurioso. Pero este terror humano demasiado humano, por posible, por estar dialogando intertextualmente con acontecimientos como la “Masacre de Waco”, se incrementa exponencialmente por el tratamiento que los grupos especiales del gobierno le propician a estos asesinos y fundamentalistas religiosos, “ángeles” del apocalipsis perversos. El gobierno es representado aquí, a través de sus agentes, como un ente destinado a arrasar con todos y todo, una instancia tan o más sanguinaria que los fanáticos encabezados por el predicador Cooper, una criatura famélica de muerte encarnada magistralmente por Michael Parks. Esa parece ser entonces la disyuntiva en la que se encuentra la sociedad norteamericana, según la visión de Smith: salir corriendo a comprar armas, y si son de guerra mucho mejor, para asesinar sin contemplaciones a nuestros enemigos, es decir todo el mundo, porque en una sociedad capitalista reina el “sálvese quien pueda” y la competencia por mejores trabajos, mujeres, casas, autos, plasmas, IPads, iPhones, y todos los etcéteras posibles, impone la necesidad de aplastar sin contemplaciones al otro, o ser masacrado por un estado paranoico y aniquilador de diferencias, a las que califica convenientemente como “terrorismo”, no vaya a ser que éstas originen protestas sociales como el movimiento “Occupy Wall Street” o incluso algo peor, que empiezan cuestionando los cimientos del sistema y terminan vaya uno a saber donde.