La cabaña del terror

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The Cabin in the Woods llegó para revitalizar, una vez más, a público y género. Una película de terror que revisita terrores pasados, pero que también habla sobre el cine de terror actual y su funcionamiento.

EL RITO.

1974: The Texas chainsaw massacre. 1981: Diabolico (Evil Dead). 1996: Scream.
1998: La llamada (The Ring). 1999: The Blair witch project.

La cita a estos 5 títulos inscriptos, popularmente, en el gènero del terror, antes de (o para) empezar a hablar de La cabaña del terror, horripilante y supuestamente ganchero, nombre de The Cabin in the Woods, se me hace útil y necesario. La selección no tiene que ver con una decisión antojadiza, ni con una vinculación abierta y directa de estas con la susodicha. En verdad podría decirse que alguna de ellas sí tienen puntos concretos de contacto: la presentación de la cabaña, la cabaña misma y la aparición del  sótano en The cabin… parecen calcados de Evil Dead; La familia Buckner no tendrá un Leatherface  con motosierra entre sus miembros, pero sus métodos a la hora de matar gente son también bastante slashers como en The Texas y los fantasmas japoneses también están, en un hermoso chiste homenaje en el film de Drew Goddard. Más bien, hablar de estas películas  es hablar de obras que en las horas bajas se encargaron de insuflarle vida al cine de terror. Cuando algunos lo daban ya por muerto y enterrado, la aparición de estas, con algunas ideas y propuestas originales lo resucitaron. Pero (la paradoja) también contribuyeron, muy a su pesar o sin conciencia de ello, al adocenamiento y declive posterior del género. Lo ilustro: fantasmas y brujas siempre existieron en el cine de terror pero The Ring y The Blair witch… se encargaron de sumarles algo que en ese momento fue singular. Una nueva mirada, un ojo más a los dos habituales: un  televisor encendido, una video cinta, una cámara portátil, siempre encendida, registrando todo o la nada misma, nos cambiaron para siempre la forma de ver lo invisible. Tuvimos miedo, desde otro lugar. Hoy, esos elementos ya forman parte, se sumaron a los mitos conocidos y funcionan como fórmula y lugar común. Pero lo que yo llamo lugar común, fórmula, cliché, es probablemente lo que el soberano (el público) busca.

Podríamos hablar de un cómodo  y conocido desasosiego, o de la calma tensa que precede a las grandes  tormentas de sangre que sabemos que van a venir. Una especie de  rito comunitario, un acto religioso pagano o como bien dice la definición de la palabra rito: “Un ceremonial repetido invariablemente con normas estrictas establecidas. Los ritos son la celebración de los mitos, por tanto no se pueden entender separadamente de ellos.” Y  entonces llegó Scream y esta fue la encargada de poner  a la vista, en escena, los utensilios, la liturgia (las reglas) necesarias para que la ceremonia quede plenamente evidenciada al espectador, ceremonia que por otra parte ya todos conocíamos, pero nunca de manera tan expuesta. Y valiéndose de esas mismas reglas armó su historia, hasta morderse la cola y volverse, en sus tres continuaciones, ella misma rutina.

¿A qué vienen todas estas referencias?  En 2011 (una pena tanta demora para el estreno) The Cabin in the Woods llegó para revitalizar, una vez más, a público y género. Una película de terror que revisita terrores pasados, pero que también habla sobre el cine de terror actual y su funcionamiento. He aquí una diferencia fundamental con sus predecesoras. Esta se vale de los elementos que lo conforman para redoblar la apuesta, para despegar y dispararse a un lugar singular. Prefiero no contar la trama, para reservarles el placer, solo diré que dos líneas narrativas conforman la historia, una, la que  ya conocemos: 5 jóvenes, 3 varones y 2 niñas, en edad de merecer, claros estereotipos, reunidos en una cabaña alejada de todo. El lugar ideal y tradicional para ser atacados a muerte. La otra: una que pone en evidencia la puesta en escena, muestra como se instrumentan los mecanismos del juego, la construcción de la mentira. Una línea narrativa que nos obliga a plantearnos si aceptar o no que alguien digite como titiritero, sean estos técnicos cumpliendo su trabajo o director y guionista inventando ese trabajo, el destino y sufrimientos, de los personajes en pantalla., Una película que invita a cuestionarnos nuestro rol como espectadores ¿Qué público somos? ¿Sádicos, complacientes, pasivos o exigentes, lúcidos y comprometidos? Por que, en definitiva, nuestro nivel de compromiso como espectadores de cine en general y del terror en particular, contribuirá al crecimiento o estancamiento rutinario de un universo con reglas convertidas en ritos. Reglas que invitan a ser ignoradas, subvertidas o violentadas, mas allá del resultado, como de manera potente y definitiva muestra el desolador plano final de The cabin in the Woods.