Canción de la desconfianza, Damián Selci

2
13

Realizar una crítica literaria implica tomar una perspectiva desde la cual leer un libro. Cada texto obliga al lector y, entonces, al crítico a buscar la mejor manera de abordarlo. ¿Cómo se puede leer Canción de la desconfianza de Damián Selci? No es una pregunta menor porque el libro es difícil de encasillar. No es estrictamente una novela realista, menos una costumbrista, aunque está ubicada en la actualidad, en una Argentina reconocible, en una geografía de barrios y calles con nombre y con características definidas.

Quizás lo primero que percibe el lector es una sensación de extrañamiento. Desde los nombres de los personajes: Styrax, un profesor de bajo; Labiosuelto, su particular amigo; el dentista histórico; Lucio Elch, el alumno de Styrax, hasta lo que se cuenta –los planes de los Empecinados para “secuestrar” a un Esclarecido–, todo está envuelto en una atmósfera de extrañamiento –la ostranenie de la que hablaban los formalistas rusos.

En su ensayo “El arte como técnica” (1917), Víctor Shklovski afirma: “El propósito del arte es el de impartir la sensación de las cosas como son percibidas y no como son sabidas (o concebidas). La técnica del arte de ‘desfamiliarizar’ a los objetos, de hacer difíciles las formas, de incrementar la dificultad y magnitud de la percepción encuentra su razón en que el proceso de percepción no es estético como un fin en sí mismo y debe ser prolongado. El arte es una manera de experimentar la cualidad o esencia artística de un objeto; el objeto no es lo importante”. Llegamos entonces, según creemos, a lo mejor que tiene la novela, los procedimientos que elige Selci para lograr esa desautomatización propia del arte.

Mientras los personajes recorren La Paternal, Ciudadela, Liniers, entre otros (algunos críticos ven en este recorrido algo de Adán Buenosayres de Marechal), y terminan en Necochea, el lenguaje va por otro camino que pone énfasis en el artificio, como si Selci quisiera que no nos identificáramos tanto con la historia, sino que recordáramos en cada momento que estamos frente a un texto de ficción. Un poco es la idea brechtiana del distanciamiento del espectador ante la obra teatral. Si lo que se produce, por el contrario, es una identificación con los personajes, el espectador pierde esa parte de sí mismo que le impide reflexionar objetivamente sobre lo que sucede en el escenario. Y Canción de la desconfianza tiene mucho para reflexionar porque une literatura y política, nada menos.

Estos recursos para lograr la ostranenie, de la que hablábamos unos párrafos más arriba, se sustentan en las descripciones que son una de las apuestas fuertes del texto. Algunos ejemplos de cómo trabaja la descripción Selci nos pueden dar una idea de una labor artesanal con la palabra. En principio, las descripciones se funden con el pensamiento de los personajes, con los diálogos entrelazados en el devenir de la trama o con las reflexiones históricas.

Para dar una idea de cómo opera el autor con el lenguaje, podemos mencionar: analogías, “Styrax es un patinador novato que se calza las botas por primera vez y pisa el hielo con una maestría inconcebible, da piruetas…” (27); metonimias (además del recurso muy borgeano de adjetivar un sustantivo de manera inusual), “nada que oponerle a la mañana tajante: nada salvo el cabeceo de rabia que avanza por los adoquines [el que avanza es Styrax]” (39); personificaciones: “Un viento malo y curioso que los zumba con interés, quizás tratando de ver hasta qué punto puede ser hostigado un ser humano” (114); una sintaxis compleja con larguísimas oraciones de hasta cuarenta y seis renglones con hipérbatos exagerados, “Vista de frente, para adelante, con los vaqueros azules, tapando un poco las zapatillas rojas, moviendo las manos sin gran delicadeza (…), Susana es de lo mejor que tuvo adelante Styrax” (48); y repetidos paralelismos, “Sin entrar ven un aplique cuadrangular clásico (…). Sin entrar ven una estructura de brazos móviles…”. (95)

Estos recursos aparecen en medio de descripciones minuciosas: “Sobre la mesada hay tazas boca abajo dejando un círculo de humedad en el granito veteado en gris y negro. Tres cuchillos con un registro de agua seca manchando las hojas dentadas asoman del vaso que debería escurrirlos” (72), o de enumeraciones de hasta dos páginas: “Luz López tiene una conversación más que interesante, ya que estuvo con los troskistas, los radicales, los frepasistas, los peronistas de izquierda y derecha, los socialistas de Buenos Aires…” (84),  así a lo largo de treinta y cuatro renglones.

Todo este tratamiento del lenguaje, este cuidado por la forma, está enmarcado por un narrador que reflexiona, que por momentos focaliza en uno o varios personajes, o que apela directamente al lector: “Pero concedamos a Styrax que la tarde recién empieza, las correntadas del frío vienen del sur…” (20). El resultado es un texto que nos obliga en cada página a asumir el artificio. El propio Selci lo corrobora en una entrevista donde afirma que busca construir un estilo contemporáneo, argentino, “que permita una lectura social aguda y que la involucre desde las palabras elegidas hasta la forma de construcción de una descripción, de un personaje o de la trama misma”.

¿Quiénes son los Esclarecidos y los Empecinados? ¿Qué buscan? ¿Cómo se da la desconfianza? ¿Cuál es exactamente la idea de pedagogía que se plantea? Es obvio que la novela responde a estas cuestiones, aunque sin dejar de lado cierto hermetismo programático del autor, lo que también queda demostrado al leer los diferentes metatextos, usando el lenguaje de Genette, como son las entrevistas a Selci en las él aclara aspectos de la historia o de los personajes como si estuviera traduciendo su propio texto.

En síntesis, Canción de la desconfianza es una novela atípica dentro del campo literario argentino y, como tal, invita a una lectura atenta, por momentos compleja, pero a través de la cual surge un buen escritor con un estilo muy original.

  • sandra

    ¡Qué buena crítica Adriana!! Nos invita a recordar la teoría propuesta por Shklovski y “el arte como artificio” . La desautomatización del lenguaje con los ejemplos de lectura que proponés.Esas diferencias entre lenguaje cotidiano y “poético” con tus aportes.Será una lectura pendiente en estas vacaciones!

    • Adriana

      Gracias, Sandra, como siempre. Es un libro que propone una lectura distinta.