Protografías: Oscar Muñoz del Museo de Antioquía al MALBA

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Estuvo hasta hace poco en el Museo de Antioquia, en Medellín, Colombia, previamente había iniciado su recorrido itinerante en el Museo del Banco de la República en Bogotá. Ahora las protografías de Oscar Muñoz se pueden ver en el MALBA.

La muestra, que cuenta con más de cuarenta obras, dos de ellas hechas específicamente para la exposición (Sedimentaciones y Horizonte), tensiona el recorrido cronológico a través del análisis del concepto de “protografía”, lo que nos permite enfrentarnos desde distintos puntos al trabajo de Muñoz alrededor del instante y los procesos que permiten que una imagen se consolide o no en la memoria, y la relación íntima que mantienen sus exploraciones plásticas de los medios y soportes con sus preocupaciones sociales y existenciales.

Muñoz empieza su carrera en medio de la agitación cultural de los setenta de la ciudad de Cali junto a figuras como Andrés Caicedo, Carlos Mayolo y Luis Ospina, nombres que cavaron una huella profunda en la cultura colombiana. Por aquellos años, Muñoz trabajaba con dibujos de gran formato donde retrataba los silencios y las ausencias de interiores de inquilinatos. En los ochenta  empieza a experimentar con nuevos soportes (de esta época son sus cortinas de baño), y en los noventa replantea totalmente la relación entre dichos soportes plásticos y su uso tradicional, su relación con el paso del tiempo, con el espacio que habitan y con el espectador-testigo de la mutación de las imágenes, que se desmaterializan ante su mirada. He aquí la fragilidad de la memoria.

Justamente, uno de los intereses constantes del artista y que logra evidenciarse en el recorrido de Protografias, es el momento efímero anterior a que una imagen es fijada, ese momento fugaz que ya ha sido de alguna manera atrapado en el recuerdo.

Al enfrentarnos con la obra de Muñoz, somos testigos de la fragilidad de todo esfuerzo de resistencia al olvido, y al tiempo, de la fuerza que proviene de esta fragilidad que no busca convertir el pasado en presente sino que logra recrear la experiencia de la pérdida de ese pasado y de la ausencia que implica, ausencia que evoca algo no olvidado y no obstante enteramente no recordado.

 

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La imagen mnemónica no es estática, el recuerdo nos llega a la memoria en forma de sensaciones y de vivencias maleables, como sostiene Roland Barthes, el acto fotográfico fija un soplo de la vida de alguien, pero no puede contar una vida ni aprehender el tiempo. Muñoz parte de allí para buscar prolongar ese instante del congelamiento fotográfico, para aplicarle vida a la imagen y descomponer lo instantáneo de ese momento frágil (el instante protográfico).

Muñoz nos afecta con imágenes atrapadas en la fugacidad del tiempo, que aparecen sólo para desvanecerse ante nuestros ojos,  sin dejar una marca, un recuerdo, una memoria del paso de la mano del artista; ninguna huella de la mirada que nos invitaba a mirarla de vuelta, pero que nos recuerda sin embargo que se resiste a desaparecer. Los videos que se repiten en forma de loop de manera interminable y las fotografías que se deshacen tan lentamente que lo percibimos sólo al regresar en otra visita, nos gritan que el pasado debe ser evocado no para traerlo al presente, sino para recordarnos su ausencia.

Por esto, la de Muñoz es una obra irreductible a discursos puesto que opera desde los silencios que son gritados desde allí, desde ese lugar protográfico inasible; desde la ausencia misma.