Alexander Sokurov a propósito de Fausto

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Pronto se estrena en Buenos Aires Fausto, León de Oro del Festival de Venecia 2011. Lo que sigue son unas notas hechas en la conferencia de prensa con Alexander Sokurov durante ese Festival.

Luego de recalcar la importancia que el Estado debe tener con la cultura. (Se sabe que Sokurov tuvo problemas económicos para terminar su film) el director habló en Venecia de la distancia de su Fausto respecto del mito original, donde su referente fue Goethe, tan es así que en un primer momento la obra llegó a llamarse Goethe y Thomas Mann-

Sokurov se refirió  en esa oportunidad a la distancia que el mismo Goethe había marcado entre la leyenda y su propia obra. Aludiendo a que Goethe no era un hombre del siglo XVIII, sino del XXIII. Su vínculo con la cultura medieval se encuentra presente en el lenguaje, en ciertas características de la lengua, en estrecha dependencia con cierta brutalidad y dramatismo.

Goethe se tomó 50 años para ubicarse por encima de la leyenda y sentar las bases de un nuevo mito.

Llevar a cabo una obra visual es muy diferente, ya que una de las cuestiones fundamentales es el detalle, y Goethe tenía una inmensa capacidad de dar cuenta de los detalles. Sokurov ha concebido un Fausto, que tiene una personalidad sorprendente, pero del cual no sabemos nada, sólo que no para de hablar y que su verborrea está llena de palabras sabias.

En todas las adaptaciones teatrales que se han hecho de su obra el personaje agota al espectador con su discurso, si esto se hubiese hecho con la grave entonación del alemán antiguo el espectador hubiese abandonado la sala sin saber quien era Fausto.

Pues çeste ha sido su trabajo fundamental dar su versión de este hombre. Para esto ha debido estudiar su biografía, algo complejo para un personaje mitológico, porque la tarea de un cineasta es llevar a la pantalla una persona de carne y hueso: ¿Qué hay debajo de esa cabeza? ¿Cómo se viste? ¿Qué es lo que come?. A diferencia de la literatura, donde Goethe se ocupó sólo de sus pensamientos.

Este es el mayor problema, como pasar lo mítico a la vida, ya que el lenguaje cinematográfico no se ha desarrollado lo suficiente para abordar ciertas cuestiones de envergadura, como puede hacerlo la literatura. Sólo Bergman en sus mejores filmes ha podido lograrlo. Es muy difícil expresar la emoción.

Su Fausto no pretende ser una lectura completa de la obra.

“Sí me haría inmensamente feliz generar el deseo que el espectador lea las obras de Goethe. Soy un pobre hombre que arroja esta piedra para que alcance la mayor distancia posible”.