Lo politico en “Las Multitudes”

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Vimos la obra de Federico León en el Teatro San Martin.

Veo “Las Multitudes” de Federico León. Es una noche pesada de diciembre: la sala está repleta, no cabe literalmente un alfiler. Estoy sentado en el punto más alto de unas gradas que tienen un pronunciado declive. Apenas se apagan las luces, salen las ciento veinte personas que conforman la escena. Ése es quizás el gran atractivo de la obra, la manera en que se vende. Y es también su gran debilidad, no sólo porque las actuaciones no constituyen un punto fuerte de la propuesta, sino porque esa multitud expone la posición política-ideológica conservadora que la obra asume. Esa muchedumbre dividida en franjas etarias y de género (las ancianas y los ancianos, los hombres y las mujeres adultos, los jóvenes y las jóvenes, los adolescentes y las adolescentes, los niños y las niñas), funciona no sólo especularmente con la otra multitud, la de los espectadores que asisten a la obra, sino que se pretende también como una suerte de reflejo del entorno social. Lo que se plantea es, en el principio, la disarmonía y la discordia.

Los grupos están enfrentados entre sí: las ancianas están enojadas con los ancianos, las adolescentes y los adolescentes sufren de mal de amores (muy al estilo llano y liso de telenovelas como “Clave de Sol”). Lo que se nos ofrece, hacia el final, es la concordia y la reconciliación entre todos ellos.  La obra entera manifiesta un rotundo “no” a las diferencias, al disenso, al conflicto, a la tensión entre intereses intrínsecamente contrapuestos. La diversidad, la pluralidad, las múltiples perspectivas quedan así totalmente desdibujadas. Y qué es la política sino la arena donde se expresan intereses irreconciliables, perpetuamente en pugna.  Porque sabemos desde el marxismo en adelante que el capital y el trabajo, esos dos grandes adversarios, jamás pueden resolver sus disputas a través de una apelación naif a la unión entre las partes, porque en tal acuerdo siempre uno de los sectores, el más débil, sale perdiendo. Curiosa paradoja: en un momento de la sociedad argentina en el que el disenso ha quedado quizás expuesto como pocas veces, que esta obra intente borrarlo, anestesiarlo y apagarlo, es por demás significativo. Y sin embargo es justamente en esa riqueza de multiplicidad de miradas en tensión en la que nos constituimos, en donde encontramos nuestra distancia, desde donde, en definitiva, somos capaces de interpretar crítica y transformadoramente el mundo que nos rodea.