Primera Bienal de Montevideo: El Anatsui

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Su instalación en el hall central del Banco República es una de las más comentadas por el público visitante de la Bienal.

 

El Anatsui, (1944 Anyako, Ghana. Vive en Nsukka, Nigeria) es uno de los artistas africanos más reconocidos en los circuitos de arte contemporàneo, lo que incluye presentaciones individuales en los principales museos, como el Metropolitan Museum of Art y el Museum of Modern Art ambos de New York; el Los Angeles County Museum of Art; el Indianapolis Museum of Art; el British Museum de Londres y el Centre Pompidou de Paris.

Quizás por ello se celebra tener la oportunidad de apreciar una de sus obras en esta Bienal que se plantea con un espíritu internacionalista y espectacular, prácticamente conformada por una parte de instalaciones y por la otra de obras en video.

La alfombra de El Anatsui ofrecida en esta ocasión pertenece a sus obras más recientes donde el artista trabaja con material descartable, en concreto tapitas de  aluminio aplastadas en forma de circulos cosidos con alambre de cobre, formando un patchwork que a pesar de lo burdo del soporte conforma en su conjunto y al golpe de vista una pieza colorida y atrayente, con un sesgo orgánico y viviente, que incluso hace acordar a un diseño floral, a un coral, a un posible jardín.

Desde su pertenencia al Grupo Nsukka en los 70, el trabajo de este artista tiene una interesante clave de lectura en la relación con los patrones de diseño africanos, sus telares y sus tapices.

En las palabras del propio curador general de la Bienal, Alfions Hug, se destaca lo que ha escrito sobre la elección de este artista en relación a la posible emergencia del barroco en contextos extra europeos y americanos. Dice Hug: “Si la alfombra de Anatsui asemeja desde la distancia una mina de piedras preciosas, desde la proximidad parece mas uno de tantos caminos de esclavo que recorren el continente sudamericano, y que recuerda al mundo de un tráfico deshumano que ha cambiado la cara del hemisferio occidental para siempre”, provocando una lectura que tiende líneas de integración, o al menos de inclusión del arte africano en la historia de la cultura visual moderna. Así, ofrece un interesante punto de fuga para debatir y repensar estas expresiones en relación a sus pueblos esclavizados que mucho tuvieron que ver, como engranaje fundamental del desarrollo del capitalismo, sin duda están sincretizadas en la cultural global de hoy.