Primera Bienal de Montevideo: inauguración

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La apertura de esta Bienal en un edificio emblemático de la economía latinoamericana de los años dorados destaca la apuesta que realiza Uruguay para insertarse en el circuito del arte contemporáneo.

 

Las palabras del curador de la Bienal, Alfons Hug, no pueden ser más elocuentes acerca de la misión de este proyecto: “La Bienal de Montevideo pone a Uruguay nuevamente en el centro de la atención, un país que fue un faro de la modernidad a comienzos del siglo XX, que luego pasó un poco a segundo plano y que ahora da señas de un resurgimiento y una revalorización de su identidad”.

En este sentido, la presencia de artistas de todo el mundo, con propuestas de tipo site specific para esta Bienal, acierta en el diálogo de estéticas y poéticas, en una curaduría sólida de un conocedor de los contextos internacionalizantes del arte contemporáneo como es Alfons Hug. Investigador y crítico, alemán de origen residente en Río de Janeiro donde dirige el Instituto Goethe luego de dirirgirlo en otras ciudades como Lagos, Medellín, Caracas, Moscú y Brasilia, Hug ha sido el curador de los envíos brasileños a la Bienal de Venecia (2003 y 2005), curador de las bienales de San Pablo (2002 y 2004), Curitiba (junto a Ticio Escobar, 2011) y Fin del Mundo (2009).

En esta oportunidad, nos encontramos con 51 artistas, que mayormente elaboran site specifics, instalaciones, performances y piezas de videoarte. Entre estos últimos destacamos la video instalación de Martín Sastre (1976 Montevideo. Vive en Madrid), “U from Uruguay”, que ofrece en clave de humor y registro de audiovisual publicitario una particular visión de artista sobre el arte y el mecenazgo del Estado, con su perfume U de Uruguay. 

En efecto, el espacio brindado al video en esta Bienal es muy importante al punto de presentar una de las sedes completamente curada con este soporte, donde no podemos dejar mencionar el material de Lida Abdul (1973, Kabul, Afganistán, donde vive), artista que bien merece una nota completa, que trabaja a partir del concepto de ruina en el contexto de su propia comunidad, donde las casas destruidas por la guerra y los bombardeos son la característica del paisaje urbano. Artista performática que trabaja desde el registro de situaciones, Lida ofrece videos y fotografías donde simplemente acomoda escombros, y en el caso de esta pieza que presenta en la bienal, nos exhibe la situación de los niños afganos que trabajan encontrando ladrillos que venden luego en el mercado negro. de allí el nombre de su obra: “Brick Sellers of Kabul” (2006, film de 16mm transferido a DVD, 6 min).

Otra obra que causa un gran impacto sensible es la de Sonia Falcone (1967, Santa Cruz, Bolivia. Vive en Hong Kong, China), una instalación que ocupa la Iglesia de San Francisco, de pigmentos y especias, que activa la participación sensorial del espectador por el fuerte olor y la composición visual y reflexiona sobre el valor de la pimienta, la nuez moscada y el curry, pero también sobre las guerras y las expediciones para obtenerlas, como elemento de supervivencia en algunos casos y en otros de lujo y poder.

Continuaremos desde aquí, Montevideo, celebrando esta Bienal, que fortalece el circuito del arte regional y aporta nuevas posibilidades para debatir aspectos relativos a la internacionalización y proyección de los distintos contextos y producciones artísticas.

 

Ilustra la nota la instalación de Sonia Falcone.