Curvas de la vida

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Clint Eastwood es el principal atractivo de un film intrascendente

 En los últimos veinte años Clint Eastwood se ha venido afianzando como uno de los mayores directores de la cinematografía mundial. Resulta imposible dejar de recordar títulos tan notables como “Los imperdonables”, “Río místico”, “Milllion Dollar Baby” o “Gran Torino” dentro de su larga filmografía de más de treinta películas como realizador. Desde la última mencionada que no se lo veía como actor, un hecho que es cada vez más esporádico.

Por ello resulta a priori una noticia saludable recuperar al gran Clint como intérprete, tal cual acontece con el estreno de “Curvas de la vida” (“Trouble with the Curve”). Más difícil de entender es la causa por la cual es sólo actor y no el director del film, un hecho que obliga a remontarse a 1993 (“En la línea de fuego” de Wolfgang Petersen).

Quizás haya sido su avanzada edad (supera los ochenta años) lo que lo motivara a ceder la realización al debutante Robert Lorenz, su colaborador como asistente de dirección y productor en los últimos años. Pero la decisión no parece haber sido la más acertada.

“Curvas de la vida” es una más sobre béisbol, un deporte con el cual la mayoría de los argentinos no estamos muy familiarizados. Gus (Eastwood) es un veterano cazatalentos  al que la creciente pérdida de la vista le está jugando en contra. Pero es también un relato sobre la conflictiva relación entre padre e hija, esta última interpretada por la ascendente Amy Adams (“Encantada”,  “Atrápame si puedes”). El es un cascarrabias que perdió a su esposa cuando la niña tenía apenas seis años y que la abandonó con unos tíos por motivos que recién se conocerán al mediar la trama. 

La primera mitad del film se sigue con bastante interés merced a la buena interpretación que hace Eastwood. Hay algunas situaciones insólitas sobre todo cuando está al volante de su auto y se queja al afirmar que “unos enanos diseñaron su garaje” luego de chocarlo al salir de éste. O también cuando su hija le pregunta que pasó con el auto abollado y él le responde que es su “garaje que se está encogiendo”.

Cuando la hija se entera de los problemas de la vista del padre, decide ayudarlo en la tarea de búsqueda de promesas de jugadores noveles, al dominar ella además nuevas tecnologías electrónicas que el padre desconoce. Pero es en ese momento que aparece una especie de competidor encarnado por Justin Timberlake y la historia decididamente entra en un convencional melodrama con final previsible. Poco aporta John Goodman, que tan bien impresionara recientemente en Argo”, aquí como un directivo del club de béisbol. En otros roles secundarios tampoco se destacan Bob Gunton (también visto en “Argo”), Ed Lauter y Robert Patrick.

El mayor atractivo de “Curvas de la vida” es la presencia del siempre eficaz Clint, uno de cuyos hijos (Scott Eastwood) también aparece en corto rol.