Susana Hornos y Zaida Rico

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Susana Hornos y Zaida Rico, co-autoras y co-directoras de Granos de uva en el paladar, conversaron con Leedor.com acerca de la gestación y los alcances de una obra que revisa 80 años de historia española pero que nos hermana en un mismo dolor. Cómo es vivir y hacer teatro en Buenos Aires para estas dos almas españolísimas.

“Teatralmente siento que esta ciudad no se agota”

¿Qué llevan estas actrices y dramaturgas españolas en su cartera? Un abanico como marca de pertenencia y también como símbolo de las múltiples posibilidades que no tuvieron miedo de buscar, cuando,  en diferentes momentos, decidieron recalar en Buenos Aires para reconocerse en otras miradas y en otras voces que volaban en su misma dirección.  Zaida Rico reconoce que todas las participes de Granos de uva en el paladar están en este país por el teatro y por los comentarios que había escuchado sobre el teatro argentino en su país y agrega: “En mi caso particular, había visto varias obras de directores argentinos que me rompieron la cabeza y los esquemas. Leer dramaturgia argentina me resultó muy movilizador y sorprendente tanto como ver actores argentinos a través del cine. Además el idioma, compartir el idioma es una ayuda muy grande aunque al llegar acá nos demos cuenta de que son muy diferentes, son dos culturas diferentes. Yo particularmente vine aquí siguiendo una intuición, un deseo de que aquello que me había movido el piso en España  me siga moviendo el cuerpo. Tengo la sensación de que aquí no se agota nada.  Teatralmente siento que esta ciudad no se agota, tienes aquí la posibilidad de todo, lo que quieras,  el “no” no existe porque el “no” está de antemano y a partir de eso creamos y creemos.” Susana Hornos comenta: “Evidentemente, yo también vine acá por la actuación. Soy de Zaragoza y casi no llegaba teatro argentino fui más espectadora de cine. El cine de Aristarain principalmente fue lo que me trajo acá. Pienso en todas las chicas de la obra, ninguna de nosotras vino con algún contrato, vinimos a la aventura total. Creo que eso no es casual. Compartimos el espíritu libre.”

Cuando hablan, hablan por ellas pero también por las actrices que le dieron (y le dan) cuerpo a ese sueño que empezó con unos cuentos que Susana Hornos había escrito y que cuando Zaida Rico los leyó supo que ahí estaba el comienzo de algo. España y su trágica historia estuvo siempre en el imaginario creativo de Susana y muchas de sus relatos hablan de la Guerra Civil o de los años de Transición. “La uva en el paladar”, el primer cuento inspirador de la puesta, nace de la historia de su abuela: “A su hermano lo fusilaron muy joven, está en una fosa común de las tantas que hay en España. Toda la vida escuché a mi abuela preguntar sobre el destino de su hermano. Luego ella supo que él estaba en una fosa común en uno de los pocos cementerios civiles que hay en España con la Bandera Republicana. Toda la vida he mamado el deseo de mi abuela de encontrarse con el hermano o  de saber dónde llevarle unas flores.”

Pasó casi un año del estreno de la obra en el Centro Cultural de la Cooperación, sin embargo todavía se las nota emocionadas al mencionar la gestación y todo lo vivido en el proceso de transformar los cuentos en una maravillosa puesta en escena. En la charla, Zaida trae un recuerdo desde lejos: “Estaba pensando en algo que no he contado nunca en ninguna entrevista y que ni Susana sabe. Lo recordé hace un tiempo cuando volví a España, de esas cosas que uno tapa u olvida. Hace muchos años escribí un guión para un cortometraje que se llamaba “La chica del pelo corto”. Fue a causa de un sueño que había tenido. Un día me despertaba con la cabeza rapada, salía a la calle y la gente me escupía. Fue muy extraño pero ese guión se refería a las mujeres de nuestra historia. En aquella época a las mujeres o madres de los fusilados o de los presos se las rapaba, le daban aceite de ricino y las sacaban a la calle y las exponían públicamente para que todos supieran que su nombre y su familia estaban  manchados. Se iban cagando encima por la calle, era una vejación terrible hacia las mujeres. Yo soñé que eso me pasaba a mí y de ahí surgió el corto que ideamos con un amigo, proyecto que después se truncó. Hay cosas de las que uno tiene la necesidad de hablar, y el momento para hablar de ellas aparece, en el tiempo indicado no sé sabe bien cómo ni por qué. Cuando Susana  me da a leer los cuentos sentí que había algo que yo quería decir que ya lo estaba diciendo ella con sus palabras. Ahí empezamos a volar juntas y a pensar que esas tres historias podían conformar una obra de teatro.”

¿Cómo hicieron la adaptación de los textos?

S.H: Cuando arrancamos yo estaba en España y ella aquí, trabajábamos por skype , pensábamos fragmentos de los cuentos de modo que fueran escenas casi cinematográficas.  Así cada una escribía por separado y luego nos juntábamos y veíamos hacia dónde había volado cada una. Esa libertad que nos dimos fue lo mejor que pudimos hacer.  En el encuentro, en las cosas que se iban solapando sentimos que estaba la fuerza. Escribir, como decía García Márquez, consiste en un 1 % de escritura y un 99 % de corrección. Esa corrección, en nuestro caso, tenía que ver con revisar aquello en lo que no habíamos coincidido.

Z.R: Esa corrección además se daba casi siempre en escena, en el trabajo con las actrices. Nuestra máxima siempre fue “probémoslo”. Cuando surgían desacuerdos o ninguna de las dos era capaz de ceder porque no se podía imaginar lo que la otra estaba proyectando y defendía su propia visión, la postura era probarlo todo. De hecho, en la primera versión de la dramaturgia había escenas con varias opciones.

S.H: las actrices se volvían locas.

Z.R: Siempre el objetivo fue prueba y error para saber lo que pasaba con el cuerpo y con la emoción.

S.H: Sin ser una creación colectiva. Ojalá yo lo pudiera hacer pero nuestro trabajo era de a dos. Las actrices lo que hacían era entregarse y confiar. Para nosotras era muy claro saber cuáles de las opciones probadas era la adecuada.

¿Cómo fue la convocatoria del elenco?

 Z.R: Nos conocimos en AEBA (Actores Españoles en Buenos Aires), una asociación civil, un proyecto que inició con la convocatoria de Ruth Palleja (que es una de actriz de la obra). Nuestra participación no era sólo como actrices sino también como productoras y gestoras. Creo que nos conocimos primero desde la gestión para luego conocernos en escena. Sin ese proyecto quizás no existiría esta obra. Hicimos algunos clásicos españoles, hicimos lecturas dramatizadas de nuevos dramaturgos españoles. Y cuando surgió este proyecto, sentimos que debía ser protagonizado por actores y actrices españoles porque hablábamos, en principio, de nuestra historia.  Por supuesto, acudimos a nuestros compañeros pero en AEBA había más mujeres que hombres y en la convocatoria no apareció ningún actor. Hicimos el casting partiendo de esa base. Les dimos un monólogo de Chuza (la protagonista del primer cuento) y la otra parte de la prueba consistía en descubrir la masculinidad de cada una porque se trata de un trabajo muy corporal. Entonces nos encontramos con unas masculinidades maravillosas.

S.H: Pasó algo increíble en nuestra cabeza. Nosotras nos conocíamos y cuando fuimos al casting ya teníamos una idea de quién era la posible Chuza, quién podría interpretar cada personaje. Y lo que pasó en el casting fue maravilloso: Nunca habíamos visto, por ejemplo, interpretar así un personaje, nunca le habíamos visto ese “registro de Chuza”, algo muy interno, muy personal. Era ella, no había duda. Entonces, el casting nos abrió la cabeza, nos quito todos los prejuicios. El juego comenzó ahí.

Z.R: Después aparecieron los hombres y ya no los quisimos.

S.H: De pronto, venía un compañero español y dudaba de nuestra “Paco mujer”. Nos decía que necesitábamos un hombre para generar el miedo de las presas. En nuestro proceso ya estábamos en otro lado. Nos supuso algo tan bello el trabajar con mujeres que cambiar el rumbo en ese momento ya no tenía ningún sentido: Nuestro Paco es Martha.

 

Una lucha compartida

A la hora de las definiciones genéricas, Granos de uva en el paladar ha recibido varios motes que terminan siendo insuficientes o pobres: teatro revisionista, teatro político, danza-teatro.  Quizás esas definiciones no sean necesarias por eso las autoras prefieren hablar de “homenaje”. “Siempre decimos que es un homenaje a mucha gente, todas hemos respirado a través de muchas vidas, atravesadas por esta trágica historia”, comenta Susana. Zaida cree conveniente pensarlo también como un reto: “Fue un reto muy grande porque se trataba de hablar de nuestro país sin estar en él, porque eran dos cabezas, con dos poéticas diferentes, también era un reto  dirigir a quienes habían sido nuestras compañeras, trastocar nuestro roles y era un reto estrenar en la Calle Corrientes sin tener ningún nombre. Fuimos un poco inconscientes de todo eso, creo que ahora nos estamos dando cuenta de lo que significó.”

Mucha gente las acompañó en esta travesía. Tuvieron la suerte de conocer a  Fanny Edelman, una brigadista que participó en la defensa de la Segunda República y que había conocido a Lorca y a Miguel Hernández. “Conocerla fue uno de los regalos que no pensábamos que íbamos a tener. Cuando empezamos a golpear puertas, no para pedir dinero sino material documental, para pedir palabras ella nos recibió.  De hecho, murió al poco tiempo.” Recuerda Susana. Baltasar Garzón, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, los Niños de la Guerra que están en Argentina, mucha gente que se reconoce también en esa lucha.

¿Algún recuerdo que querrían atesorar de esta experiencia?

Z.R: La salida de cada una de las funciones fue algo muy  emotivo. ..Recuerdo con especial cariño las de los primeros meses, en el Centro Cultural de la Cooperación. Era una sala tan cercana que se creaba en cada función una especie microclima, un ambiente energético muy especial. El hecho de abrir la puerta y ver cómo salía la gente de la sala, sus caras, el cariño de aquellos que se atrevían a llegar hasta nosotras para darnos un abrazo o decirnos qué les había pasado, no con la obra, sino en sus vidas. Guardo las miradas de mucha gente.

S.H: yo recuerdo el día del estreno. Estaban varias de las Madres (línea fundadora). Fue muy emocionante la escena final en la que habla Miguel, interpretado por Arantza Alonso.

Z.R: es que a esas mujeres no les estaba contando una historia cualquiera, Arantza era el espejo de su propia historia. Nosotras estábamos arriba y era muy impresionante la vista de esa primera fila llena de pañuelos blancos y ella hablándoles con la voz entrecortada.

S.H: pensábamos que no iba a poder continuar, de pronto se encontró con esas miradas y fue todo muy bello.

¿Cómo vivieron su participación en Teatro x la identidad?

Z.R: Ese fue otro regalo.

La obra  ha sido posible aquí, en este  país en el que se está haciendo un ejercicio de memoria muy potente e importante desde que Néstor kirchner  descolgó el cuadro de Videla, ese acto simbólico tremendo que nosotros envidiamos un poco. Ojalá en nuestro país ocurrieran cosas así. Nosotras llegamos a Argentina en este proceso de cambio. Yo conozco Argentina a través de ese hablar, de esa necesidad de memoria, de cuidar la memoria. Entonces surge internamente el deseo que hacer el  propio ejercicio de memoria, no sólo como artista sino también como persona. Eso nos inscribe dentro de Teatro x la Identidad: el poder compartir nuestra forma de lucha con vuestra lucha, de pronto se torna una lucha común.

S.H: Nuestra obra siempre fue pensada como una historia universal, a pesar de hablar de España. En todos los lugares ha habido guerras y dictaduras. Argentina, por desgracia, sabe mucho de eso. Si algo nos confirmó eso que nosotras teníamos como apuesta (el carácter universal de la obra) fue la convocatoria a este ciclo. Fue bonito también porque todas nosotras éramos asiduas espectadoras de Teatro x la Identidad. Hay mucha generosidad en abrir la lucha a otros países, no importa el país que sea.

 

España en el corazón

Susana y Zaida coinciden en que de no haber estado en Buenos Aires quizás nunca hubiesen podido escribir sobre la historia de España, como si la distancia les hubiese dado la perspectiva necesaria  para mirarse a sí mismas e indagar en el peso del pasado. Pero dar a conocer la obra en su país aparece ahora como una necesidad vital y un proyecto a mediano plazo: “Nosotras hemos concebido  Granos de uva en el paladar más allá de su ser obra, la hemos imaginado como  un proyecto del que devienen un montón de cosas: una investigación personal, “Te doy mi memoria”, “España en el corazón”   y muchas cosas más. Ir a España no es darnos a conocer nosotras como dramaturgas o las actrices como tales, va más allá de eso: es un proyecto, el proyecto de confrontar y compartir la obra con las necesidades de la gente en este momento tan convulsionado”, reflexiona Zaida. Ambas imaginan cómo será el encuentro  e indagan sobre las razones que llevaron a su pueblo a callar su desgracia:

 

¿Por qué creen que España se niega a hablar del Franquismo?

S.H: Yo, principalmente, creo que hay dos motivos. El tiempo transcurrido es uno, 40 años pasaron. Pienso en mi madre que fue hija de rojos y termina siendo católica apostólica y romana porque todos los que la rodeaban, fuera de sus padres,  habían querido a Franco.

Además el gran progreso económico de España que fue después de la Transición creo unas generaciones de gente muy acomodada. La gente quería progresar pero el progreso no es sólo económico, creo que la justicia es también progreso.

Z. R: Creo que otro motivo fundamental son los tres años de Guerra Civil, una guerra donde se mataron hermanos contra hermanos, amigos contra amigos. Y eso marcó a la gente de a pie. Esos tres años hicieron mucho daño y había una necesidad de seguir adelante, de sanar y de no meter el dedo en la llaga porque se habían vistos obligados a luchar con sus vecinos.

¿Cómo imaginan ustedes que será la recepción de la obra en España?

S. H: Por un lado, veo a mucha gente necesitada de esto, por eso están los indignados y otros movimientos. Hay nueva generaciones que plantean la democracia no sólo desde lo económico. Habrá gente también que se levantará y se irá.

Z.R: Tengo la sensación de que no habrá grises. Eso puede ocurrir acá, seguramente habrá gente a la que la obra no le guste pero no vimos salir a nadie indignado. En España, no es posible ese gris: o es necesaria para múltiples generaciones o es completamente repulsiva.

 

El viaje continúa

Es indudable que nadie puede salir ileso de una función de Granos de uva en el paladar. Ni los espectadores que la vieron en su primera temporada en el Centro Cultural de la Cooperación, ni los que la pueden disfrutar ahora en el Payró, podrán negar que alguna fibra de su alma se vio trastocada por cierta empatía que une dos países en el mismo dolor. Tampoco las actrices pudieron escapar a ese fuego y muchas de ellas se encontraron cara a cara con una historia nacional que se transformaba en una historia familiar que desconocían.  Saber la verdad las hizo también más libres y más humanas.

¿Cómo las modificó a ustedes la obra?

S.H: Yo, afortunadamente, tuve mucho contacto con la historia de mi país, siempre he leído mucho. Ya Vallejo-Nágera era un personaje conocido para mí. En lo laboral,  si me ha cambiado mucho este proceso de Granos de Uva en el paladar,  me ha cambiado el tema de la obra y  empezar a trabajar con Zaida: este tándem que se ha creado  al alimón, como nos llaman, me ha marcado mucho de cara a un futuro. No digo que vayamos a hacer todos los proyectos juntas pero  he descubierto una forma de trabajar, de encarar el laburo, que tienen mucho que ver conmigo y que también me provoca mucha necesidad de la otra. Hay algo de depositar la confianza en la otra y que la otra confianza en ti que hasta ahora no había experimentado.

Mi visión del país no ha cambiado yo ya tenía una visión no triunfalista de la transición. Me modificó quizá conocerla de primera mano con alguna persona.

Z.R: Mi padre es profesor de Historia y siempre se ha hablado del tema en casa. Mi madre es filóloga y cuando yo era chica estaba estudiando sobre el tema. Recuerdo que ella tenía que hacer un trabajo con la película Las bicicletas son para el verano y la mirábamos los tres y se instalaba una especie de debate.  Si, es verdad que durante este proceso he vuelto a preguntar qué pasó en la familia durante la Guerra Civil y descubrí, no lo sabía, que mi tía abuela había estado presa en la cárcel de Ventas. La pobre mujer se murió hace años muy viejita y yo me quedé con muchas preguntas que ahora tendría ganas de hacerle.

En forma personal y artística, más allá de lo plantea Susana con lo que estoy totalmente de acuerdo, me ha reafirmado en cómo quiero hacer teatro, quién soy yo y qué quiero como artista. El entretenimiento es necesario pero hay muchas formas de hacer entretenimiento. Creo que todo proceso artístico debe tener algo más que vaya más allá. Y una de esas formas es esta.

S.H: Ahora que la escucho a Zaida, creo que a todas nos ha cambiado la relación con nuestras familias. Yo pienso en mis padres que son de la generación que ha callado. Yo todo lo que sé lo sé por mis abuelos. Nuestros padres en general pertenecen a la generación del silencio.  Y a partir de la obra, nuestras familias también nos están conociendo y se están conociendo a ellos mismos de otra manera. De pronto ahora a mi madre no le da reparo hablarme de  cuando mi abuelo estaba en la guerra, de cuando lo iban a matar. Había una barrera que ahora se ha caído. Esa nueva relación que se ha establecido con las familias ha sido muy importante para nosotras.

 

¿Cómo sigue el itinerario de la obra?

Z.R: Aparentemente, el año que viene tendrá dos partes bien diferenciadas. La primera parte del año pretendemos seguir en Argentina. Estamos preparando una gira  a través de colegios secundarios y universidades de diferentes provincias. Tenemos un deseo hace tiempo que es poder hacer una gira por los centros de detención del país que se han convertido en centros culturales. Y la segunda parte del año pensamos recalar, por fin, en España.

S.H: Queremos que España ya no sea un deseo sino un proyecto a medio plazo.

Vamos a poner la energía en esas dos cosas. Tenemos muchas ganas de hacer la gira. Hicimos una función en Luján con colegios y posterior debate. Creemos que esa es la forma para que la obra siga creciendo. Hay algo de la juventud, de su visión y de sus preguntas que resulta muy enriquecedor.

Z.R: Esa es la mejor forma de construir memoria: Que los pibes sigan adelante, que pregunten y que tengan la posibilidad de responderse y de que les respondan.

¿Por qué la gente tiene que ir a ver Granos de uva en el paladar?

Z.R: Para que todas estas palabras no se pierdan, para que hablan con nosotras y comprueben si lo que decimos es cierto o no, para que compartan no nosotras que es lo que les pasa viendo esta obra, para que esta historia se siga contando y no caiga, una vez más, en el olvido y para que se rompa el silencio.

S.H: Yo creo que compartimos mucho España y Argentina. Esa unidad se ha perdido un poco en los últimos años, por influencia de los medios o conveniencias de los gobiernos. Siento que hay una hermandad que se crea en la obra que reivindica esa unidad. Para esa gente que quizás le puede pasar como a mí, que cree que se han perdido esos lazos (que crearon los padres o los abuelos) creo que la obra es un buen ejercicio para recuperar  esa comunicación. Recuperamos a todos aquellos que se vinieron, a los que se fueron, a los que la pelearon, tanto aquí como allá.

 

  • Marisa

    La obra es magnifica y emociona, se nota que detrás hay un trabajo concienzudo y a fondo, un trabajo de equipo con conciencia y compromiso. Sin embargo esa conciencia y compromiso se ha quedado a medias. Leyendo este artículo me suena hueco: la actitud crítica que se respira en la obra brilla por su ausencia en la actitud de las “autora y Directora” . Hecho de menos a las actrices que parieron, produjeron y dieron forma a la obra día a día durante un año. El trabajo duro ya está hecho, ahora ya no son necesarias ….