Deseo y Tormento: Luis Caballero 1968 – 1992, en el MAMM

0
12

La muestra comprende una importante selección de la producción artística de Luis Caballero realizada a lo largo de casi tres décadas -entre mediados de los años sesenta y los noventa-, y cuya relación se establece a través de un hilo conductor definido y enfático: la representación del cuerpo y más específica, y predominantemente, del desnudo masculino.

 

No obstante esta constante, la diversidad y complejidad presentes en su trabajo se hacen manifiestas al considerarlo retrospectivamente. A partir de esto, la curaduría se estructura en tres conceptos, correspondientes a las etapas estilísticas en el desarrollo de la obra: una inicial, esquemática, expresiva y abstracta; una clasicista y naturalista, y finalmente, una expresionista en la que la abstracción vuelve a cobrar relevancia. A lo largo de estas etapas se evidencia un progresivo interés por la creación de imágenes, no del cuerpo en general, sino de aspectos selectivos de éste; en efecto, determinadas partes son resaltadas, como torsos y miembros, en posturas y gestos intencionalmente exagerados.

A partir tanto del trabajo artístico como de las palabras de Caballero, la retrospectiva actual, no obstante, busca profundizar en uno de los aspectos claves para la interpretación de su trabajo: el rol que juegan en él el deseo y el tormento humanos. Profundización realizada a la luz de la que se percibe como la confluencia significativa, problemática y conflictiva, de dos vertientes principales en su obra: por un lado, la de una tradición artística y religiosa occidental de la que el artista se sentía parte, y por otro, de dimensiones culturales de la segunda mitad del siglo XX que pusieron en cuestión aspectos fundamentales de esa tradición.

ACERCA DEL ARTISTA Y SU OBRA
Pintor y dibujante nacido en Bogotá, en 1943. Luis Caballero Holguín estudió arte en la Universidad de los Andes entre 1961 y 1962, y luego en la Academia de la Grande Chaumire de París, entre 1963 y 1964. Desde el comienzo su trabajo ha sido figurativo, pero al principio sus personajes eran muy esquemáticos y definidos por una línea gruesa. En 1968 obtuvo el primer premio de la I Bienal de Medellín, con un políptico en el que estos personajes se extienden en afanosas búsquedas amatorias sobre superficies azules y amarillas. Ese mismo año Caballero se radicó en París. Desde 1970 su obra comenzó a observar la historia del arte; esta inclinación se destacó en 1973 en una muestra en Bogotá: con una clara referencia al Renacimiento.

Desde mediados de los setenta, su obra se ha caracterizado por lograr representaciones llenas de vigor y precisión anatómica, en las que la figura humana, tema exclusivo del artista, es un simple pretexto para exteriorizar el propio sentimiento vital frente a las formas orgánicas. En pinturas al óleo y dibujos en diversos medios (carboncillos, sanguinas, lápices, tintas con pluma o pincel), Caballero se regodea con el cuerpo humano: lo recorre amorosamente, con la vista y con el tacto, desde todos los puntos de vista. Lo único que le importa es el cuerpo: su superficie, sus músculos y huesos.