Mabel

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Mabel, el melodrama musical que reunió a Maby Salerno, Carlos Casella y Santiago Loza, nos habla de las desventuras de amor con humor, belleza y fina ironía. Últimas funciones. 

Todavía una canción de amor

Eugenio es el nombre del amor (de su amor) pero también el nombre de un abismo. Mabel nos relata, entre canciones melosas y movimientos sensuales, su tiempo (ese tiempo del amor que irremediablemente acaba) junto al hombre aparentemente perfecto (la perfección es siempre aparente), su deriva en el mar de las dudas, su encrucijada, su bálsamo y también su ahogo.

Mabel es el personaje encarnado por Maby Salerno cuando canta con Los Inmaculados, una diva desbordada, venida a menos, que le canta al amor pero que no sabe bien qué hacer con él. Ahora en solitario, vuelve a alzar su voz, de la mano de la estética de Carlos Casella y la poética de Santiago Loza, para regalarnos un melodrama musical cargado de sentimientos cursis y de fina pero brutal ironía, porque alguien tenía que hacerse cargo de desmitificar ese sentimiento tan felizmente adornado por las canciones pop y los cuentos de hadas.

Mabel se planta en el escenario con toda su interioridad a flor de piel, su identidad se redefine y se cuestiona en la presencia del otro, del ser amado: ¿Quién era yo antes de él? ¿Quién soy yo ahora? y aun: ¿Quién no puedo dejar de ser? Otros discursos que llegan desde lejos (las voces de Rafaella Carrá, Ada Falcón, Lola Flores y, ¿Por qué no?, Andrea del Boca) se atemperan en su boca y se mezclan con las siempre hechiceras palabras de Santiago Loza para conformar su propia voz que encanta como el grito de las sirenas.

Mabel es una rica combinación de música, humor y belleza poética, es un naufragio por las aguas turbias del amor, la caída en el mar del desencanto, la certeza de que todo amor “es eterno mientras dura” y que irremediablemente “todo lo que ata es asesino”. Nos quedan las canciones de amor, todavía una canción de amor.