Ni un hombre más

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Con actores que hasta hace no mucho eran considerados del circuito alternativo, Ni un hombre más, logra salir airosa de un género no muy transitado en nuestro país, la comedia negra.

Charly (Martín Piroyansky) es el encargado de una remota hostería en la selva del Iguazú. La trama transcurre, como en una suerte de tragedia griega, en un solo día en el que se conjugan una serie de hechos fortuitos: hay una fiesta en el pueblo, llegan unos huéspedes desde Brasil que tendrán mucho que ver con la propia historia de Charly, y una pareja, Karla (Valeria Bertuccelli) y Ricky (Juan Minujín), caen de improviso con un muerto y cien mil dólares en el baúl del auto.

El film propone una analogía permanente entre el comportamiento de los reptiles más famosos de la región, las iguanas, y la raza humana, a partir del relato en voz off de Piroyansky. La comedia de enredos se sostiene sobre la sumatoria de complicaciones respecto del “perfecto” plan original, y las veleidades morales de los personajes siempre y cuando se queden con una parte del botín.

El único problema es que este tipo de género requiere un buen remate, del cual carece el film de Martín Salinas (director y guionista). Sin embargo, las actuaciones salvan la mayoría de las escenas. En este sentido están muy bien explotados los personajes que Bertucelli y Piroyansky supieron construir sobre sí mismos.