EL TRAMO de Juan Hendel

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Esta tarde, oportunidad de buen cine documental, gratis en el San Martin.

El movimiento no se confunde con el espacio recorrido. El movimiento es ante todo el estado expresado de las mutaciones de nuestro yo, de nuestro espíritu o de nuestra conciencia, como prefieran llamarlo. Es el devenir de nuestro propio ser en el tiempo, en la duración, que no es otra cosa, también, que el registro memorioso de nuestros estados afectivos. ¿Cómo saber que el tiempo fluye, que el Todo muta, sino es a partir de las modificaciones de mis propios estados afectivos, los que mi memoria va consignando? Pero, ¿Cómo expresar esto en imágenes?, haciendo de la Imagen misma un perpetuo devenir, un estadio del espíritu que también se da a leer, en paralelo, pero independientemente de su referente. Esto implica la composición de un plano de inmanencia que se despliega como elemento de lectura en sí mismo. La pregunta, entonces, ya no es, como en el Cine Clásico, ¿qué tengo que ver más allá de las imágenes cinematográficas, que verdad debo descubrir más allá o más acá de la representación? Por el contrario, el movimiento, la mutación, se da ahora en la Imagen misma, en el plano cinematográfico que se presta a la lectura desde dentro de un marco preciso, que ya no es el del lenguaje, de la Intuición. La pregunta es entonces, ¿cómo ver- leer la Imagen misma, como seguir sus pequeñas mutaciones, sus casi imperceptibles cambios? La imagen cinematográfica se ha independizado casi de su “objeto”, de sus referencias extrínsecas, a las que sólo en ocasiones volverá a reencontrar en su viaje, para elevarse hacia cuestiones cada vez más abstractas, más ontológicas, más “espirituales” si se quiere, pero nunca menos concretas. La frondosa vegetación del bosque deja entrever entonces no sólo su terralidad, su estado sólido, sino que se comienza a desvanecer evanescentemente hacia regiones gaseosas de la conciencia y el alma. Y repentinamente, por entre la monotonía de un paisaje infinito, sucede el afecto, el encuentro con esos ojos nuevos que aseguran el pasaje, la herencia del movimiento hacia el futuro. Por si hiciera falta, “El tramo” afirma también la imposibilidad de la repetición de la Imagen. Cada Imagen incorpora, en su desplazamiento, nuestra propia Memoria siempre cambiante. Cada Imagen posee ahora fragmentos de una Memoria nuestra que, por ello mismo, por la insistencia de la Imagen, no cesa de modificarse, de mutar. Es lo mismo que decir que nosotros ya no seremos los mismos luego de este “tramo” en nuestras propias vidas. (Ricardo Parodi )

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