El minotauro sale a fumar un cigarrillo

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¿Qué diríamos si supiéramos que una figura mitológica, antiquísima, un ser inmortal, vive en los suburbios de un lugar perdido en los Estados Unidos, y trabaja como ayudante de cocina en un restaurante? ¿Qué diríamos si supiéramos que nos encontramos ante los devaneos de un voyeur en extremo solitario, mitad hombre y mitad toro, completamente alejado de cualquier contacto social?… El minotauro sueña que es un hombre. Sueña con ser “normal”, con poder hablar, con amar y ser amado. El minotauro sueña con vivir una vida completamente distinta: menos hondamente triste y apagada. El minotauro es un ser fabuloso, que ha vivido más y mejor que todos los personajes que lo rodean, ya sea en el restaurante en donde trabaja, o en la casa remolque en la que vive pobre y desamparadamente. Signo irrevocable de una época absolutamente estúpida, extremadamente ridícula, en la que la banalidad y el olvido son sus sesgos primordiales, esta extraordinaria novela plantea que somos incapaces de ver el luminoso elefante blanco que tenemos ante nuestros ojos. Sólo en un mundo como éste, que no duda en aniquilar todo rasgo de empatía, afinidad y comprensión entre los individuos que lo habitamos, una criatura magnífica como el minotauro puede pasar totalmente desapercibida. Y sí, es cierto, este taciturno ejemplar encuentra finalmente el amor en Kelly, una joven camarera de aquel restaurante en donde trabaja. Quizás sea correspondido. Quizás no. Quizás ese entendimiento sea en definitiva imposible. Eso es lo que anhelamos con gran expectativa descubrir, en el desenlace de este viaje maravilloso que nos propone esta primera novela de Steven Sherrill, editada en 2002.