Se fue con su padre

0
8

La familia como encierro. La familia como una construcción imposible, quebrada, destinada al fracaso en esta nueva propuesta del Teatro San Martín.

Tres mujeres, la Tía, la Madre y la Hija, viven unas semividas vacías, vacuas, abandonadas, en la costa del litoral del país, en los años veinte del siglo pasado. Tres mujeres en espera, en estado de latencia. Tres mujeres que se manipulan, se humillan y se lastiman. La familia como encierro. La familia como una construcción imposible, quebrada, destinada al fracaso. La sombra del padre, como en las obras del dramaturgo sueco August Strindberg, supurando las heridas, exponiendo unas cicatrices que no tendrán nunca sanación alguna. Las referencias a la apropiación de menores durante la última dictadura se hacen presentes, como en las obras de Brecht que apelan al recurso de la historización, en la figura de la Media Hermana, quien descubre el oscuro  crimen que han llevado a cabo la Tía y la Madre. El encierro se conforma a partir de una atmósfera irrespirable, que no hace más que acrecentarse en cada escena de esta totalidad trágica, dura de aprehender, densamente poblada de imágenes dolorosas. Los personajes sólo se constituyen en tanto sufren y hacen sufrir: existen desde el padecer.

Es allí entonces en donde hace pie esta obra de Luis Cano, dirigida por Lorena Ballestero, estrenada en estos días en el Teatro San Martín de la Ciudad de Buenos Aires.