Bilingüe

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En el FLAVIA 2012, preestrenamos este audiovisual de Leticia El Halli Obeid del que hoy la autora apunta el proceso de producción en una nota publicada en la revista de Artes Visuales Blanco sobre Blanco que desde hoy puede comprarse en Leedor.com

Bilingüe, por Leticia El Halli Obeid

Durante el año 2010 fui invitada a generar una obra visual en colaboración con un proyecto teatral alemán dirigido por Lara Kugelman, coreógrafa, y Jürgen Berger, dramaturgo y periodista teatral. El proyecto –nacido de su curiosidad por la cultura wichí– tuvo varias fases. En septiembre de ese año se realizó y se estrenó la obra Ifwuala en el Teatro Maxim Gorki de Berlín. Pude asistir a los ensayos y a las funciones y conocer a los actores principales de la obra durante una convivencia de cinco semanas: Harald, un bailarín alemán, Nentó, un músico wichí y Talaaj y Nohnó, dos músicos de la etnia chorote[S1] .

En agosto llegamos a Berlín, donde se iba a dar el segundo encuentro entre el bailarín, los músicos, los traductores y todo el equipo de producción, para realizar una obra que se estrenaría en tiempo récord, tras sólo diez días de ensayos-construcción, en el teatro público municipal. El primer encuentro entre Harald y músicos wichís se había dado en Tartagal y Santa Victoria Este, provincia de Salta, en abril del mismo año. Por una serie de problemas, los músicos invitados inicialmente no pudieron viajar y los directores de teatro invitaron a tres suplentes: Nentó, Talaaj y Nohnó, residentes de comunidades wichí y chorote ubicadas entre Santa Victoria Este y MisiónLa Paz, en pleno Chaco salteño. No pude asistir a aquel primer encuentro, así que cuando llegué a Berlín, a fines del verano europeo, me faltaba el primer capítulo de esta historia.

Los ensayos comenzaron de inmediato y se trataba, más que nada, de generar materiales a ser volcados en la obra, a partir de preguntas, ejercicios, juegos y conversaciones propuestos por los directores.

Revisando mi cuaderno[S2]  de ese momento encuentro estas notas sueltas:

 01.09.10

Nentó vive en Santa Victoria, en el Cañaveral. Diez casas, familias. Árboles, animales. Lara le pregunta por algún árbol en particular: no, le gustan todos. Frutas: chañar, mistol, algarroba, bola verde.

Y Harald? Él dice Heidelberg, aber Heimat ist Finland, echt (pero en verdad su patria es Finlandia).

Los wichí oyen fascinados lo que él cuenta sobre las frutas y lagos de Finlandia.

Heimat, patria, en alemán es parecido a hogar, en wichí: Honat o Jonat o Ahnat.

Charlas sobre la tierra, la patria, lo que significa estar “en casa”. Lara dice “quizás, para ustedes, estar en casa es estar en la música”.

Iss = bien

Olai = lleno, satisfecho.

 03.09.10

Talaaj es el hijastro de Nohno, su papá se fue cuando él tenía tres años y lo crió el abuelo, hasta los siete, y le enseñó a cazar. Después la mamá se juntó con Nohno. La mamá murió hace un tiempo.

Harald: la mamá lo tuvo que mandar a Finlandia cuando era chiquito y no se volvieron a ver nunca más. El padre era soldado nazi.

 

Nentó = Juan Mariano Palma

Nohnó = Jorge Gómez

Talaaj = Filemón Díaz

O sea: tienen dos nombres!!!!!

 

06.09.10

Los gestos, los gestos y el idioma. Hay un punto muy importante ahí. Lara le pide a Nohnó que gesticule. Sólo a él, no a Harald ni a nadie más. Acaso cree en la universalidad del gesto?????

Todas estas conversaciones[S3]  y ejercicios estaban mediados por varias capas de traducción. Había un intérprete alemán que venía de vivir en Buenos Aires, con un resbaloso acento porteño-alemán; una traductora-asistente argentina que hablaba muy bien alemán y que ayudaba al traductor principal; dos colaboradores salteños, una antropóloga con su ayudante, que traducían al salteño, y si Nohnó –que habla chorote como lengua principal pero español y wichí como lenguas secundarias– necesitaba ayuda, entonces Talaaj –que también es trilingüe pero maneja mejor el español– agregaba sus ajustes. El inglés también se usaba en algunas situaciones, sobre todo cuando había que discutir cuestiones contractuales o enfriar alguna discusión fuerte.

Enumerar los idiomas que participaron de la construcción de esta obra no alcanza a dar cuenta de la complejidad del trabajo, de lo intrincado que fue el proceso de comunicación, y de la cantidad de barreras culturales que aparecían una y otra vez no sólo en el escenario sino y sobre todo en la vida cotidiana de estos hombres que habían salido de un entorno rural para aterrizar en el corazón de Europa, en una ciudad tranquila y ordenada en comparación, pero aún así abrumadora. Si bien el concepto benjaminiano de shock urbano, pensado a principios del siglo XX, es un fenómeno que damos por sentado e incorporamos a nuestra percepción cotidiana, acompañar a unas personas que lo están atravesando por primera vez a sus 40, 50 y 60 años, respectivamente, fue para mí una experiencia reveladora, inquietante, difícil y rica, todo a la vez.

Resulta que una mañana, a dos días del estreno, Talaaj se levantó con un ojo muy inflamado. Se resolvió llevarlo a consultar a un oftalmólogo y como ese día todos los traductores eran imprescindibles en los ensayos finales, me pidieron a mí que acompañara a Talaaj y a Ning, la asistente de producción, una taiwanesa residente en Berlín, con la que yo podía comunicarme en inglés, si mi alemán se quedaba corto. De esa forma, yo podía ser la intermediaria entre el médico y Talaaj. Fuimos entonces a Kreuzberg, el barrio turco, donde Ning había conseguido un turno en una pequeña clínica. Cuando entramos al consultorio del doctor, un excéntrico que parecía sacado de una sitcom de médicos, empezó el interrogatorio en cadena: él le preguntaba a Ning en alemán, Ning me repetía en inglés por las dudas y yo le pasaba la pregunta a Talaaj. Y lo mismo en reverso.

Lo primero que Talaaj quiso contar fue que cuando él era niño, un tipo le había echado una maldición y que por eso sufría de la vista desde entonces, aunque su abuela había intentado revertir el maleficio. Me fue bastante difícil traducir eso, pero el resto fueron sólo órdenes: “sentáte acá, pone la cara ahí, arrimá el mentón al aparato, dejá los ojos abiertos, no te asustes”, etc. El diagnóstico fue, en efecto, una rara afección crónica que aparece sin causa y que genera molestias repetitivas como las que tenía Talaaj. En un momento, ya relajada la tensión inicial, Ning se pone a hablar amigablemente con el doctor, mientras él llena una serie de formularios y le pregunta:

–¿Cuál es la profesión del caballero?

–De profesión, indio –dice ella, sin pensar; entonces de repente se pone roja y me mira y empieza disculparse compulsivamente y dice:

–Perdón, perdón, quería decir cazador, ¡no sé por qué me salió esa otra palabra!

A pesar de la intensidad[S4]  de esa primera fase, nada me preparó lo suficiente para mi propia experiencia de shock cultural, cuando decidí viajar al noreste de Salta. Recalé en Santa Victoria Este y durante dos semanas visité a Nentó y a Tiluk Mendoza, el jefe político y espiritual de esa comunidad. Ellos y sus familias me recibieron con una dulzura y cuidado asimétricos en relación con la experiencia alemana. Lo poco que había logrado vislumbrar sobre la cultura wichí durante la convivencia en Berlín me ayudó mucho, y algunas cosas que había imaginado en mi limitada condición de artista de clase media “blanca” se vieron rápidamente sobrepasadas por la realidad. Estas sensaciones tal vez tuvieron mucho que ver con que de repente estaba inmersa en un entorno bilingüe, donde mucho de lo que se decía me resultaba incomprensible, literalmente. Con el correr de los días empecé a identificar algunas palabras que se repetían, a aislar algunas formas y sonidos, y Chuna –una de las hijas de Tiluk me propuso enseñarme el idioma a cambio de que yo le enseñara a usar la cámara. Ahí, por primera vez en muchos meses, sentí que empezaba a hacer foco, que podía por fin encontrar un punto sobre el que pivotar, una especie de ancla para una experiencia tan intensa.

En ese lapso de tiempo, la casa de Tiluk recibió otros visitantes, lo que da cuenta del alto grado de intercambio cultural que hay en la zona: desde compradores de artesanías de Buenos Aires hasta un equipo de filmación que venía a realizar las primeras escenas de una película basada en una historia real de una adolescente wichí,[1] pasando por un veterano de Malvinas que organiza cada año una visita a Santa Victoria para llevar donaciones que recolecta enla Patagonia, lo cual atrajo a su vez la visita de cientos y cientos de hombres, mujeres y niños de la zona que venían a buscar ropa y alimentos y acamparon durante tres días y dos noches en el terreno de la familia Mendoza. El comercio, el arte y la caridad, cada uno con sus urgencias y exigencias, llegaron en esos días imponiendo un lenguaje propio. Vi a los wichís dialogar con esa otredad haciendo gala de una sabiduría política y diplomática ejemplares, mientras los veteranos de guerra les ponían el himno nacional en altoparlantes, un texto que poca gente sabe cantar en el seno de una comunidad que ha sido implícitamente marginada de la identidad nacional.

Una de esas tardes agobiantes[S5]  me fui a visitarlo a Nentó, que se había quedado sin ir al festival organizado por los veteranos de Malvinas, porque los cineastas estaban usando su terreno como locación, y lo encontré solo bajo un árbol, leyendo un librito. Con Nentó tuve una buena comunicación de inmediato, ya en Berlín, creo que nos hicimos amigos en seguida y en esos días fue para mí muy reconfortante poder estar en su compañía. Me saludó y me dijo que era un libro de cuentos que sus nietitos estaban usando en la escuela, una edición bilingüe hecha en la zona, con unas ilustraciones muy bonitas. Me leyó un par en español y le pedí que me las leyera en wichí, para grabar su voz. Entonces empezó a leer, yo estaba sentada al lado para seguir las frases impresas, tratando de identificar algunas palabras, y él me iba traduciendo; por momentos se trababa en la lectura –no supe bien si era un problema con los caracteres latinos o que es corto de vista– y yo trataba de completar el sonido, y él lo corregía; así estuvimos largo rato. Esa noche, mirando lo filmado, me di cuenta de que habíamos puesto en práctica, instintivamente, el (anti)método de Jacotot, el personaje que Rancière rescata en El maestro ignorante.[2] Comparando formas, sonidos y relaciones, y repitiéndolas, habíamos fabricado un momento de aprendizaje singular. En los días siguientes le propuse a Chuna que hiciéramos algo parecido, con otro libro de lectura, y en seguida se sumó Titzil, el hijo de Tiluk que es maestro en una escuela primaria. El problema ahí fue que Tiztil-Aniceto había adquirido ya los métodos atontadores –para usar un término ranciereano– de la escuela y desde el momento en que le pedí ayuda asumió una posición de autoridad y no me dejó administrar esa información. Como buen pedagogo, quiso proponer un ritmo rígido y progresivo para leer el texto, y con esto la actividad se volvió tediosa.

Un par de meses después[S6] , ya de vuelta en Buenos Aires, me puse a editar el material. Al ver la variedad de situaciones documentadas, noté que el hilo que unía todo era el tema de la traducción, en todos los sentidos posibles. Y después de mucho pensar, quise que el trabajo se llamara Bilingüe porque, pese a que los idiomas en juego habían sido mucho más que dos, en definitiva el momento de la comprensión ocurre a partir del encuentro entre dos cosas diferentes; de a pares, en lógicas binarias aunque luego combinadas. Pero sobre todo deseaba homenajear a las personas que conocí durante la experiencia, esos seres que habitan dos lenguas, dos culturas, dos sistemas diferentes, y practican la traducción en su versión más creativa, más delicada, sin imponer nada a nadie, en definitiva, sin querer ser hegemonía.

El video final es una pieza monocanal de 25 minutos de duración y se estrenó en el festival de video FLAVIA (Festival Latinoamericano de Video Arte, Centro Cultural Borges) el 30 de marzo de 2012.

[1] La belleza, de Daniela Seggiaro, estrenada en Berlín en 2012.

[2] JACQUES RANCIÈRE, El maestro ignorante, Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2007.


 [S1]Obeid 1

 [S2]Obeid 2

 [S3]Bilingüe 041

 [S4]Autorretrato Talajj, Berlin, 2010

 [S5]Bilingüe 043

 [S6]Bilingüe final.

 

Nota relacionada: Bilingüe, por Kekena Corvalán

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