Esperando la carroza: cultura popular

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Estuvimos en la premiere del reestreno de un clásico del cine argentino. Pura cultura popular.

Cuando comenzó a escucharse Barrilito de Cerveza, por Feliciano Brunelli, toda la concurrencia que había asistido a la función del cine Gaumont, comenzó a seguir la melodía batiendo palmas. Algo que sin duda no ocurría desde lejanos días de cines barriales. Ya comenzada la película, los espectadores decían al únisono con los actores las frases emblemáticas. Casi como aquellos chicos que ya habían visto la película antes y al verla de nuevo repetían esos momentos, en un intento de integrarse y dejar de ser meros observadores de aquello que tanto placer les había dado. Y desde ya, aplaudían cada aparición de un ser querido –así son los actores- o una réplica feliz.

Un par de vivencias en el visionado, en copia restaurada digitalmente perfecta, de Esperando la carroza. Una puesta en valor que va mucho más de lo técnico o lo cinéfilo. Recordamos que cuando se exhibió en Mar del Plata hace unos años, ya se había percibido un clamor de parte del público. Estamos ante un clásico popular sin duda, que ya en los mismos ochenta que le pertenecen sin duda, había generado el extraño caso de que un programa de TV –el recordado Función Privada, por ATC, la proyectara dos sábados sucesivos “a pedido del público” y en función del elevado rating de la primera.

El grotesco, que fue incomprendido y hasta despreciado por algunos críticos de aquella época, se muestra invencible. Gritona, exacerbada, se dijo entonces con pretensiones de comentario aburguesado. Es cierto. Como también, las actuaciones que caricaturizan estereotipos de lo nuestro lo peor. China Zorrilla con su fuerza y vitalidad sigue sorprendiendo. Antonio Gasalla nos muestra sus grandes observaciones posturales a pesar de un maquillaje monstuoso (con Pepe Soriano en La Nona pasó algo similar). Luis Brandoni y sus tres empanadas construye un ser tan despreciable como rico. Lidia Catalano en su desmesura. Y hasta Darío Grandinetti en su caída torpe o Enrique Pinti y su curación milagrosa. Blum y Tenuta. De Grazia con uno de sus sufridos. El dramatismo y gran esfuerzo de Mónica Villa. Doria creó ese clima.

En este plan de reposiciones, en las que Casablanca estuvo en cartel para mostrarnos cómo alguien (Bogart) podía emocionar con una escasez de recursos sorprendente y una cámara a diez centímetros, damos la bienvenida a este pedazo del barrio de Versailles en Eastman Color, restaurado, remasterizado, remarcado y enmarcado dentro de nuestra cultura popular y pertenencia, gracias al cine.