Negra

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 Negra es la última e incómoda obra del multifacético Dennis Smith, un artista en ascenso que tiene todavía mucho para dar. 

Dennis Smith es un artista extraño, por lo menos en dos de las acepciones del término: todavía es un poco extranjero en la escena porteña porque nadie sabe dónde ubicarlo aunque él esté buscando su lugar y se sepa que se lo merece por talento y distinción; además es raro, distinto, ecléctico, tiene la excentricidad (que es también un fuera-de-lugar) necesaria para descolocarnos y atraparnos en la lucidez de un momento. Nadie creería que ese cuerpo de nene ha pasado la treintena. Nadie creería (porque el prejuicio nos come la cabeza) que un actual participante del ciclo televisivo La Voz Argentina puede además contar en su haber con dos películas independientes, productos de su propia inventiva ( Roud Muvi y El Ayuno), con una banda, Fascinario, que  hace circular su música por la web pero además produce espectáculos teatrales para presentar sus canciones (como Fascinario, el ensayo, dirigido por Maruja Bustamante) y con una existencia paralela como actor y director teatral en ascenso.

Créase o no, Dennis es todo eso, maneja la dualidad con una cintura que sorprende y puede que resulte hasta escandalosa la conjunción de elementos tan contrarios (y contrariados). La frivolidad y la densidad dramática, la ternura y el patetismo, la ingenuidad y la ironía, el cartón pintado y las profundidades del alma se combinan también  en su última obra.

Negra es definida como “una comedia incómoda grabada en casette sobre la muerte y la compostura”. Este subtítulo, escrito en el programa, le advierte al espectador que algo le pasará (seguramente no a todos lo mismo ni de igual modo, pero nadie va a salir ileso de la sala) pero, aun así, entra a la función desprevenido porque la escena inicial maneja tanta superficialidad que casi, diría, cualquiera se sentiría protegido: Un hombre espera dentro de su fashion indumentaria deportiva la llegada de un tal Winston, el encargado de proporcionarle un servicio de “esparcimiento de luxe en avioneta”. Está en Miami Beach y, en principio, todo su ser se condice con ese espacio. Su chamán se lo recomendó y él recuerda, mientras espera y esperar se hace eterno, que también le recomendó que eligiera pensamientos. Entonces los selecciona y los graba. Esos pensamientos lo trasladan a otra parte, a un lugar que casi nadie quiere visitar, cuyos paisajes son dolorosos y desolados: la aceptación del duelo. Alguien muy querido ha muerto tiempo atrás y quizás esta sea la oportunidad de perdonarse y de perdonar, de borrar rencores y colorear lo compartido.

A partir de allí la comedia se  volverá verdaderamente incómoda y el espectador no podrá distinguir el instante preciso en el que entró en el contenido profundo de esa forma tan banal ni el segundo en que puede pasar del llanto a la risa por nada. En este sentido, la obra es muy engañosa y por eso también muy inteligente. Con mucho humor, nos arrastra por los caminos anegados de la muerte, de la peor, la de los otros que queremos; nos lleva a reflexionar sobre los tiempos socialmente aceptados del duelo que muchas veces no coinciden con el sentir de cada quien y nos dice que está bien perder la compostura, desquiciarse en cualquier parte porque nadie quiere morirse ni ver morir.

Si todavía no se convenció de asistir a alguna función de Negra, podemos agregar que Dennis Smith también nos regala un puñado de canciones populares interpretadas con mucha calidez y con todos los matices de su prodigiosa voz, intercaladas entre la acción real de la espera y el reencuentro (casi onírico) con el ser amado. Deje de lado sus prejuicios (que muchas veces son dictados por la estupidez), no se deje engañar por las apariencias y vaya a disfrutar de un espectáculo simple y tan emotivo como inclasificable. Puede que no se arrepienta.