Eugenio Zanetti en Maman Fine Art

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Después de 10 años de ausencia en las salas argentinas, el reconocido escenógrafo, director y artista plástico, exhibe su muestra Tondo, donde reúne 35 piezas realizadas, durante los últimos tres años, en Los Angeles y Buenos Aires.

    De él se ha escrito mucho y de los más variados temas: por el premio Oscar que recibió en  1996 como consecuencia de su trabajo como director de arte en la película Restauración, por sus diseños y escenografías, por su dirección en cine y teatro, y por sus obras como artista plástico… Es que alguien dijo de él alguna vez que es un hombre del Renacimiento y en esa expresión se cuelan varias interpretaciones: polifacético, erudito, amante de la antigüedad, consciente de las posibilidades del hombre, conocedor del mundo. Características que parecen describir la figura de Eugenio Zanetti, cordobés de nacimiento, internacional en su trayectoria.

Una parte de aquello de lo que Zanetti es capaz, puede verse por estos días en la galería Maman Fine Arte, con el nombre de Tondo. Se trata de su obra pictórica más reciente, que conserva los lineamientos de sus pinturas realizadas allá por 1974, cuando hacía sólo diez años que había comenzado su carrera en esta área. Hoy, a casi cuarenta de aquel momento, sus obras cautivan con su particular iconografía y calidad técnica.

Ya desde el nombre, Tondo, esta serie remite a aquel pasado humanista. Este formato “redondo” que data dela Grecia clásica, tuvo su momento de gloria en los siglos XV y XVI, de la mano –principalmente- de artistas florentinos, tanto en las cerámicas de la familia Della Robbia como en las pinturas de Botticelli o Miguel Angel. Zanetti retoma esta forma en algunas de sus piezas y le imprime la teatralidad de la luz barroca, el misterio propio del análisis metafísico y la magia surrealista. Citas que lo acercaron a la definición de predecesor de la “Pintura Culta” italiana, aquella que a principios de los ochenta fuera teorizada por Italo Mussa en contraposición ala Transvarguardia, y que se caracterizó por una vuelta a la pintura haciendo particular foco en la calidad técnica y en el rescate de aquellas figuras o temas mitológicos de los grandes maestros del pasado.

Y es innegable que el pasado y sus grandes glorias conforman un combo por demás interesante en la vida de este artista que se mueve con soltura en los más diversos escenarios. Quizás porque, justamente la diversidad, es siempre una constante que lo rodea: madre rusa, padre suizo italiano, educación europea, barrio en Buenos Aires, sierras de Córdoba, colina hollywoodense, viajes por el mundo (incluyendo lugares tan exóticos e inaccesibles para el turismo habitual como Irán, Afganistán o Pakistán), estudios de arquitectura, y hasta uno de sus primeros trabajos con Pasolini en “La Medea”… Este panorama que se presenta aquí –aunque desordenado cronológicamente- podría resultar para el lector un agotador bombardeo de datos… historia apasionada, vertiginosa.

Una aparente calma finalmente vendrá al atravesar la gran sala de Maman, siendo rodeado y a veces observado, por aquellas figuras desbordantes de misterios. ¡¿Cuántas preguntas pueden escucharse aún en el silencio monástico que imponen?! ¿Quiénes son esos personajes? ¿Qué situaciones están viviendo? Zanetti propone un juego intrigante,  nos invita a entrar a un cuento de hadas, su propio relato fantástico, a veces cargado de humor satírico, donde por ejemplo, en Peluche, un hombre vestido con uniforme prusiano sostiene con sus manos a un leopardo al que parece estar degollando. Este animal también interviene en Vernisagge o Lady Gaga, como la parte zoomorfa de una esfinge que altiva sostiene una copa de champagne. En Piel de zanahoria el teriomorfismo se da en un bebé dormido con una cola con forma de pez (pero con textura de piel o pelo), que es sostenido en brazos por un personaje vestido de elegante brocato azul y oro. En esta última obra, como en Arcadin, Gran cartonero o Segunda venida, los personajes están sumergidos en agua; más bien emergen en todo su esplendor, no se están hundiendo, aparecen, surgen, y se imponen en esa gran escena teatral que está contenida en el cuadro.

Las citas a la historia del arte –reflejadas con sutileza- representan una maravillosa tentación para el espectador que puede descubrir, en estas obras, el claroscuro caravagesco, los escenarios también barrocos, el tratamiento de los cuerpos de línea manierista, los rostros de miradas románticas, a veces lagrimosas o, en un extremo oscuro, de sugestión simbolista; las formas que se esfuman a lo Bacon (como los filetes de pescado de Chica con salmón) y algo –mucho quizás- de esa mezcla de erotismo y cierto terror a la manera de Füssli en La pesadilla.  Patricia Pacino, directora de la galería junto a Federico Maman, refiere también a aquellos contactos con la realidad social que el mundo de Zanetti revela en la figura del cartonero, tanto en Gran cartonero, como en Cartonero Tzar, recordando también la innegable relación de parentesco con los retratos de los lustrabotas de Antonio Berni.

Las 35 piezas, realizadas en los últimos tres años entre Los Angeles y Buenos Aires, superan el metro de lado en la mayoría de los casos y destacan una muy cuidada técnica en la aplicación del óleo sobre la tela: esto se evidencia con fuerza en la textura óptica, el sfumato, los reflejos, y el brillo en los ojos de los personajes, que le dan a sus caras ovales una marcada expresión de melancolía.

Un párrafo aparte merecen las monumentales Pescador, que inaugura la sala con sus 279,5 cm. de alto, y el políptico Hundimiento del Belgrano o después de Von Max, de 324,5 por339 cm. En éste, una reina simia con el rostro de la dama de hierro británica, se yergue desnuda, en medio del lodo y rodeada de monos. Zanetti cita aquí al artista austro-húngaro Gabriel Cornelius Von Max, no sólo en el título sino también al representar –como lo hacía Von Max, apasionado por la antropología y el darwinismo- a los monos en actitudes y poses humanizadas. La referencia al triste pasado en Malvinas se une así a la pregunta por la descendencia del hombre, por su esencia, por sus instituciones, sus gobiernos, por el valor y legitimidad de las cosas….lo real, lo animal, lo humano. Muchas preguntas, pero apenas unas pocas de las muchas que puede generar este artista en su feliz regreso a las salas argentinas.

 

 La vedette/ Año: 2010/11 Serie: Fairy Tales Técnica: óleo sobre tela. Medidas: 164 x 138 cms

 

 

Cartonero Tzar. Año: 2011/2012 Serie Fantasmas de Buenos Aires Técnica: óleo sobre tela. Medidas: 136 x 115 cms

 

Foto del copete: Hundimiento del Gral. Belgrano / o Después de Von Max Políptico (6 paneles) – Año:2011/2012 Serie Fantasmas de Buenos Aires Técnica: óleo sobre tela. Medidas: 324,5 x 339 cms

  • Bernardo Alberto Fleschler

    Estoy emocionado y pronto a ver las últimas obras de éste artista
    tan polifacético. Muy bueno el sitio. Éxito.

  • HAIDÉ DAIBAN

    Pase por la galería en Av. del Libertador, me detuve ASOMBRADA, LAS PINTURAS ERAN RENACENTISTAS,iluminadas con exquisita reminiscencia flamenca, una mezcla delicada , atrayente y atractiva de arte. Muy origina,l con algo de surrealismo y un toque de deformada caricatura que me subyugó.-Conclusión,invité a todos mis amigos artistas plásticos a pasar por allí. -Un verdadero lujo para la vista.Y de regalo una conversación interesantísima.
    Felicitarlo es poco, muy merecidos los premios. Suerte.

  • Quiero felicitarlo a Eugenio , por ser un artista polifacetico, por tener la capacidad de plasmar el paso del tiempo a traves de su sencibilidad . FELICITACIONES