Ad Minoliti: Abyecta

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Detenerse en lo que Adriana Minoliti propone es una experiencia racional y sensible que cuestiona géneros, signos y clases. Anoten y vayan, bánquense lo impuro cuando no es pastiche ni apocalipsis; son esbozos de la cultura mordidos, masticados y escupidos por una artista nacida en los 80.

 

Ingreso a la sala de la galería Abate y veo las cinco enormes telas que Ad pintó, colocadas en continuo, una junto a la otra, 2,50 x 2,00 metros cada una sin respiro, de una imagen que advierto novedosa y perturbadora, una auténtica veduta moderna, un paisaje que no me desagrada, compuesto de un modo canónico, con perspectivas, planos, puntos de vista, y lo que siento es la morbidez de las formas en la mezcla y la blandura, donde algo muere y algo empieza, un límite, una frontera, una fricción.

Ella permanece junto a mí, callada, viéndome mirar, y me viene el flash de la frase de Guy Debord, antológica: “El espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen”. Aquí, en esta sala, intuyo un gesto crítico pero sin bajada de línea a este capitalismo visual avanzado en el que estamos inmersxs.

A su muestra, la artista le puso abyecta. Y me suena así, la jugada audaz de esta artista que titula su muestra con esta palabra un tanto terrible en nuestra cultura me suena muy cercano a la sensación de lo que veo, de lo que me llega, ni siquiera es posproducción, composición a partir de restos de lo ya hecho, sino que es una combinatoria formal aberrante.

Cómo logra Abyecta todo esto, es decir, barrer formas desde los márgenes para superar el estereotipo de lo escatológico, porque no es tanto lo abyecto de la definición de diccionario, que vendría a decir que lo abyecto es lo envilecido en su grado extremo, si no la otra humillación, el otro envilecimiento, los de las formas, las de las representaciones figurativas, el de las líneas, el equilibrio, los colores… Y sobre todo, lo abyecto del trabajo de los géneros, a partir de la excelencia de lo visual moderno, la pintura.

Claro que lo abyecto suena a Julia Kristeva, a debates más o menos iluminados desde esa vuelta de tuerca que la modernidad encara en el concepto de fealdad, de lo monstruoso y lo freak. Minoliti logra el freak de las formas, los gestos pictóricos, lo freak de lo prolijo, de las técnicas plásticas guardadas con un corset, lo geométrico y el paisaje figurativo, el tubo y el rectángulo en la vegetación y saliendo de las aguas, la nueva Venus que emerge a partir del dolor de hacer lo contrario, es decir: tomar lo que sistemáticamente se enseña como detritus en las bellas artes para ofrecerlo como un bocato di cardinale que es mezcla,  acumulación de impurezas, colección de basura pero no, necesariamente, un pastiche.

La evidencia de lo abyecto como nudo que ata y desata el recorrido emerge aquí y allá. Busco la frase de Julia Kristeva donde dice que lo abyecto es ” (…) el surgimiento masivo y abrupto de una extrañeza que, si bien pudo serme familiar en una vida opaca y olvidada, me hostiga ahora como radicalmente separada, repugnante. No yo. No eso. Pero tampoco nada. Un “algo” que no reconozco como cosa. Un peso de no-sentido que no tiene nada de insignificante y que me aplasta. En el linde de la inexistencia y de la alucinación, de una realidad que, si la reconozco, me aniquila.  Lo abyecto y la abyección son aquí mis barreras. Esbozos de mi cultura”1.

Pero lo abyecto no es lo terrible. No ese poder del horror como fascinación y límite, como atractor de miradas que confirma quien soy, como toque perverso para separar lo bueno de lo malo. En el capitalismo “farmaco-pronográfico”, lo visual es droga, la imagen, hormona, el espectáculo está adentro y afuera, es la nueva medicina-negocio, acumulación de capital que produce más capital, por eso la frase de Debord que me corrió por la cabeza ni bien entré, medicina hecha a partir de las propias secreciones, lenguaje sensible normativizado para la conquista y la territorialidad corporal. Y si Minoliti lo pudre, si toma la tradición bella, armónica,  aprendida en la Pueyrredón y realiza esta aberración (que es como lo abyecto errático, lo vil errático), será cuestión de mirarlo y pensar.

Casi pop, casi un recuerdo a Richard Hamilton, incluso. La seducción de estas imágenes viene dada no tanto por la anti-esencialidad del género, que indudablemente está, sino por este nuevo transgénico de Minoliti, esta traducción de géneros pictóricos, lenguajes y señales, de materiales de trabajo con el que se diseña el espacio en las artes visuales y se nos traduce como sujetos.

Ad Minoliti (Buenos Aires, 1980), es egresada de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y alumna del taller de Diana Aisemberg.

Además integra el proyecto Pintoras, un colectivo de artistas mujeres surgido en 2008 a partir de su convocatoria junto a otras artistas, como Paola Vega, que se nuclean alrededor de una fuerte vocación por la pintura como punto de partida creativo, en diálogo con cierta tendencia del arte contemporáneo argentino que perciben como desvalorizante de este lenguaje. Entonces, se erigen desde una doble exclusión, como mujeres y como pintoras. Realizan distintas exposiciones entre las que se destacan la del Museo Macro de Rosario, la Fundación Andreani, las de Olavarría y Mar del Plata. Su última muestra tuvo lugar en la Casa Argentina en París. Editan un fanzine y son fieles a la necesidad de romper con las clasificaciones y los encasillamientos, en un gesto anti-género en todos los sentidos del término.

1. Kristeva, Julia. Pouvoirs de l’horreur. Editions du Seuil, París, 1980. Hay traducción en Argentina, editada por Editorial Siglo XXI, hecha por el maestro Nicolás Rosa.

 

  • Diana Dowek

    Keke
    Tan bueno es el comentario/crítico que dan ganas de ver la muestra
    Diana

  • Luciana

    Adri es una genia, esta muestra es realmente maravillosa y la reseña/crítica es impecable, una preciosura por más que se llame Abyecta, me cierra por todos lados :)