Homo Dramaticus

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Desafiante esta pieza teatral escrita por Alberto Adelllach y recreada y dirigida  por Cristian Krämer que se puede ver en el Kafka.

Alberto Adellach, pseudónimo de Carlos Crestes (1933-1996), estrenó por primera vez en 1966 su obra teatral Upa-la-la. Tuvo una extensa producción donde se destacan una versión libre del Rey Lear de Shakespeare, titulada Cordelia de pueblo en pueblo; Chau Papá; Sabina y Lucrecia; Historia de desconocido;, Por amor a Julia;  Esa canción es un pájaro lastimado; Álbum de familia y Arena que la vida se llevó.

Se distinguió también como autor televisivo y escritor

Obtuvo varios premios, entre ellos: el correspondiente al Fondo Nacional de las Artes (1968) como autor de televisión, el del Centro Editor de América Latina (1969) por su Breve historia del teatro argentino,  el de Argentores y el Martín Fierro como mejor autor televisivo del año 1975.

En 1976 debió huir del país, pues integró junto con tantos otros intelectuales las listas negras previas al gobierno militar encabezado por Videla, y se estableció primero en España luego en México y por último en Estados Unidos de América.  Nunca más volvió ala Argentina.

Cristian Krämer, con una amplia trayectoria como dramaturgo,  recordado por su excelente adaptación de la obra Whitelocke, un general inglés, entre otras; concreta aquí su primera labor como director  artístico.

Krämer  comenzó a trabajar en este proyecto hace tres años junto a Domingo Basilie, más tarde se sumó Hugo Cosiansi; ambos actores transitan un vasto recorrido teatral. Homo Dramáticus se cristalizó en agosto de este año en la sala teatral El Kafka.

La puesta se desarrolla en tres actos u obras pequeñas donde interactúan la ironía, el absurdo y la crueldad. La primera Palabras  fue escrita y estrenada por Alberto Adellach en 1963, la segunda Criaturas en 1966 y luego la última: Marcha.

En la versión de Krämer, Palabras es una original forma de presentarnos al escritor, los personajes lo evocan con nostalgia y ternura introduciendo al público en su idiosincrasia al mismo tiempo que refiere a la obra original.

Criaturas es un volver a ser niños a partir de la dramatización de los juegos fantasiosos  de la infancia donde dos hombres mayores usan ese recurso como manera de evadir la muerte que se torna ineludible. Los cowboys, la guerra, los astronautas, los náufragos en el mar, nos transportan a tiempos pasados y nos dibujan una sonrisa en el rostro,  intentando hacernos creer que todos esos resortes lúdicos pueden vencer el destino final humano.

Finalmente Marcha es el plato fuerte donde los dos actores representan a veinte personajes que marchan sin parar. Encarnan una alegoría que desafía la inexorable aniquilación, por parte de la sociedad, del libre pensamiento.

La puesta en escena es austera y sobria y la iluminación juega un rol fundamental apoyando el juego actoral.