No he dicho

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En el año en el que se conmemoran los 120 años de su nacimiento, un nuevo unipersonal recorre la vida de Alfonsina Storni y reivindica su lucha y su lugar central en el seno de la Cultura Argentina.

Una certeza: La poesía siempre te puede salvar, incluso cuando decidas no salvarte. No sé si Alfonsina lo supo en aquella infancia poco feliz en San Juan, cuando empezó a escribir sus primeros versos, o aquella última noche cuando escribió “Voy a dormir”  para luego regalarle al mar su sueño final. No sé si alguna vez lo supo pero Alfonsina se salvó y nos salvamos todos un poco. Se salvo del olvido y de los estigmas, del machismo y del desprecio para aflorar en el mundo de la cultura como un referente de lucha y dignidad total.

El teatro tampoco la olvida. Este año, en el que se conmemoran 120  de su nacimiento, la cartelera porteña cuenta con dos unipersonales que la tienen como protagonista, en un acertado intento de reivindicar su figura como poeta y como personaje relevante de la cultura nacional. Alfonsina de Darío Cortés y No he dicho, escrita y dirigida por María Marta Guitart, nos demuestran que, por ventura, no todo está dicho sobre la gran poeta argentina y , aun más, que todavía se puede decir mucho y muy bien. Las dos propuestas comparten (más allá de la temática) el mismo respeto, el mismo candor y la misma inteligencia pero llegan a puertos diferentes de la sensibilidad, tocan otras fibras, otros acordes, lo cual constituye también un pequeño milagro, de esos que sólo nos puede regalar la poesía.

Ya hemos hablado en Leedor sobre Alfonsina, centraremos la mirada ahora en No he dicho. La obra nos sitúa en un lugar y en un tiempo determinado: un cuarto de hotel en Mbar del Plata y los últimos momentos de una vida. La historia ya es conocida, lo que se rescata es el personaje que surge de una poética muy particular (que se parece mucho a su vida, que la exalta y la enaltece) porque la que vemos en escena es la Alfonsina-personaje que rememora (como último gesto) su existencia a través de sus versos y sólo con ellos.  Entonces, ese espacio y tiempo específicos se transforman en un no lugar, en un bálsamo poético para el espectador que se embarca en un viaje especial, tierno y onírico por un alma atormentada, compleja pero también fervorosa y fundamentalmente libre.

En ese viaje, María Marta Guitart, en una impecable interpretación de Alfonsina, nos conduce con voz dulcísima por las palabras que conforman una vida; va hilvanando los versos de diferentes poemas con tal precisión y delicadeza que parece un texto único, carente de fisuras y cargado de emoción. La música en vivo, a cargo de Carolina Ison, y los dibujos proyectados de Sol Storni, sobrina nieta de la poeta, completan un todo armónico, el homenaje sentido, la posibilidad de “alzar la voz de la poesía” y darle cuerpo a la palabra.

No he dicho es una fina y hermosa conjunción de teatro y poesía donde cada palabra cae en escena por su propio peso a la espera de que el espectador la recoja y se haga cargo de ese instante de belleza y comunión. En esa habitación está Alfonsina y están todos los que se animen al viaje. Ella volverá del mar en cada función y usted podrá ir cualquier domingo de estos (por lo menos los de septiembre y octubre) en busca de un puente que le permita franquear el tedio cotidiano, abrirse paso hacia algún verso que lo salve.