Hors Satán

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 Fuera Satan, podría ser la traducción literal del título de la película del francés Bruno Dumont que estrena la Sala Lugones en un singular y feliz plan de estrenos de cine de alta calidad que se viene dando desde hace más de un año por lo menos, después de Tierra de los padres de Nicolas Prividera o Figuras de la guerra de Sylvain George. Seguramente esta vez habrá respuestas dispares tanto en la crítica como en el público.

La idea de este “sacar afuera a Satán” no juega a las ambigüedades, la idea es directa, apela a un exorcismo feroz a la vez que sarcástico, sin embargo la película, con una austeridad casi monacal, sí lo hace desde su clima de extrañeza, de simbolismo extremo, de divague exasperante, de coqueteo entre el bien y el mal, la búsqueda de justicia y la venganza irracional. Una religión que en Dumont es primitiva y abundante: tiene que ver con la naturaleza y con el rito, actos de arrodillarse mirando el atardecer con las palmas hacia arriba, rito del sacrificio a modo de hecatombe, o el exorcismo físico (amor, sexo, muerte). Una a una estas premisas se van desenvolviendo a lo largo del film de modo que aparezcan como islas narrativas en medio de una lentitud plagada de silencios. Acciones que el guión parece vomitar de vez en cuando y que sostienen una y otra vez el mundo simbólico que lo recubre todo.

No son simpáticos ni el modo, ni la puesta en escena, ni sus personajes-actores. No hay posibilidad de identificarse con nada de lo que pasa acá. Hay, más bien, una apuesta al rechazo de los cuerpos, las actitudes, las miradas, hasta los paisajes de esas dunas francesas, sostenidos en enormidad de planos panorámicos y generales, el posible enamoramiento, la resurrección final. Eso no quita que la película logre un clima de ferocidad y de inquietud que abusa de su duración, factores que pueden ser bienvenidos según lo abierto que se esté a seguir una propuesta distinta

Bruno Dumont

Nacido en 1958, Bruno Dumont dirigió su primera película a la edad de 38 años: La vida de Jesús (1996) fue seleccionada para la Quincena de realizadores de Cannes, donde recibió la Cámara de Oro, un reconocimiento como descubrimiento del año en los European Film Awards y el premio Fipresci en el Festival de Chicago. Dumont regresó a Cannes en 1999, esta vez a la Competencia Oficial, con La humanidad, galardonada con el Gran Premio del Jurado,  así  como  los  premios  al  mejor  actor y actriz. Dumont dejó el norte de Francia para filmar Twenty-nine Palms en el desierto de California, una road movie que fue seleccionada para la competencia de la Mostra de Venecia en el año 2003. En 2006, realizó Flandres, por la cual volvió a recibir el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes. Su quinto largometraje, Entre la fe y la pasión (Hadewijch) (2009), se estrenó en el Festival  de  Toronto,  donde  recibió  el  premio Fipresci.